lunes, 2 de enero de 2017

¿QUIÉN CHINGADOS ES LETY GREY?



¿QUIEN CHINGADOS ES LETY GREY?












      ¿Quién? Una. Una pobre pendeja que tuvo la mala fortuna de nacer a pesar de los más de diez menjurjes que se tragó su madre para abortarla, la muy pendeja se aferró, quién sabe de qué resquicio desde el vientre que la envolvía, y quién sabe cómo se sostenía si no tenía garras, ni ojos, ni manos, apenas un parásito envuelto en una bolsa de líquido amniótico, y ¡no se salió! La muy pendeja. ¿Parásito? ¡Sí! ¡Parásito! ¡
     ¿Es o  no  un parásito aquel que no hace nada, y sólo absorbe y es alimentado a través de otro ser? ¡Sí! Como las garrapatas, las chinches. Suena fuerte, pero mi sobrino, estudiante de medicina y con magníficas ideas para hacer chistes y sarcasmos, e ignoro si es o no un comediante involuntario, dijo que sus maestros le dijeron eso. Si lo analizamos científicamente, eso somos antes de nacer. Bueno, hay quién después de nacer no hace gran cosa y sigue siendo un parásito y no hay que culparle. Es algo inherente que trae desde que fue concebido sin su voluntad. 
       ¿Ahora por qué Lety Grey?
        Si no puedes con el enemigo, te tendrás que unir a él. De ese modo no te quedarás sólo, echando garrotazos al aire con los ojos vendados, como cuando eres niño y te ponen a pegarle a una piñata. Ciego, con el hambre de triunfo y de dar aunque sea un sólo golpe, y de preferencia reventarla, para que caiga la lluvia de sorpresas que trae dentro, pero, bueno, a veces, quien la rompe no goza de tal festín, cuando se quita la venda ya hay una montaña de gente amotinada recogiendo las "ofrendas". ¿Y qué me dices cuando te quieren gastar una broma más pesada, y lo único que contiene la piñata es un puñado de harina? Peor ¿No?
         El "Grey" fue para poder parecerme aunque sea de nombre a esas mujeres hermosas, con las piernas y las nalgas requintadas de silicón, que más tarde las mató, las pudrió, las dejó marcadas, Aun algunas sobreviven, y hasta un documental anda rondando por ahí con el título de "Bellas de Noche" Hoy, ya ni de noche de día. El tiempo no perdona a nadie, y esto, ¡no lo inventó Juan Gabriel! escribió una canción bellísima pero no descubrió el hilo negro cuando escribió "abrázame que el tiempo avanza y el nunca perdona, ha hecho estragos en mi gente y hasta en mi persona". 
          En fin que don Alberto Aguilera Valadez, tuvo el buen tino de hacer canciones de todo tipo y ahora le adjudican frases creadas por los viejos que de tan viejo se hacen sabios, y dicen que él inventó la frase de que "Lo que se ve no juzga".
            Y volvemos al "Grey". Ese jodido "Grey" que muchos insisten que está mal escrito y dicen que TIENE que ser "Gray", La palabra sajona que significa "gris". No. En español la palabra grey, sí existe. Un ejemplo: Se unió toda la grey católica para hacer su celebración de la Semana Mayor. Otro: La grey artística convoca a todos aquellos agremiados interesados en las últimas reformas que se harán en el sindicato. Grey, gremio. Es lo mismo.
                 Mi primer nombre artístico, buscando algo fuerte y original, fue Leonarda. Más adelante buscaré periódicos, en donde aparece así en la publicidad de esos matutinios que quizá ni los estanquillos tenían tantos ejemplares, y estuve presente en un par de portadas vistiendo poca ropa, porque la política de ese periódico "moradito" llamado "El Fígaro" era tener en la portada a una beldad luciendo sus curvas. Como yo no las tenía, las inventaron. Yo era decepcionantemente flaca, pero uno de los colaboradores del diario llamado Giovanni Greco (quién sabe si ese era su nombre real) se prendó de mi voz, de mi persona, y tenía unos enormes deseos de que yo triunfara artísticamente. No lo logró. Ignoro cuando haya fallecido, pero siempre le voy a estar agradecida. A él, ya se le acabó el veinte y lo bajaron del carrusel de la vida y no creo que haya tenido tiempo alguno de protestar, y si acaso tuvo la intención de hacerlo, de todos modos ¡se acabó! ¡A chingar a su madre! como se dice a la mexicana. ¡And this is it! También dijo así Michael Jackson en el último show que ya no pudo presentar porque tuvo la mala idea de morirse antes. Se dice que mucha gente que adquirió los boletos para ese concierto tan sonado, no devolvió el "ticket" aunque no hubo concierto, porque se trata de una especie de reliquia, coleccionable, y que quizá los fanáticos conservan con mucho ímpetu.
          Yo, tras más de treinta años de carrera, no llegué a ser un monstruo como el Michael Jackson ese, persona que quizá, es tan amada por muchos, que si consiguen un poco de excremento, debidamente comprobado con ADN y todo, lo comprarían y pagarían lo que fuera a través de esas absurdas subastas donde le dan valor monetario a cosas que para algunos es basura, y para otros no. Como algún calzón sucio de preferencia de Marilyn Monroe.
            ¿Quién es Lety Grey? Así escribió mi último empleador que tuve en Estados Unidos en una revista llamada "Mi Raza Magazine" En Kansa City. Y ahí respondía a una serie de preguntas donde según yo describía la "gran personalidad" que era yo, el doloroso camino que hube andado hasta llegar ahí, a limpiar, a escribir, a editar, a asistir en lo que pudiera a las jóvenes que llegaban ávidas de triunfar en algún certamen de belleza, y bueno... no terminaría de decir todo lo que yo hice en esa revista. Fue un plan estratégico de aquel hispano emprendedor, que le ha ido bastante bien en aquel país donde llega mucha gente. Abandonan sus lugares de orígenes, incluso a la familia, con la firme promesa de volver por ellos, algunos vuelven otros ya no, Y todo "para ser alguien en la vida"
         Mucha gente, en aquel país solía decirme, mi mismo empleador me dijo: "Aquí tu eres doña nadien. Sí. "nadien" Y tenía razón. Y yo estaba ahí para entender por qué tanta gente estaba ahí  para ser "alguien" Esta palabra sí con "n" al final.
                Total que "Doña Nadien" se enfocó a trabajar muy duro, los primeros meses, después no le vi el caso. Vivía sola y no la pasaba mal con apenas 250 dólares a la semana. Más otros 100 o 60 que caían por hacer alguno que otro trabajo de cantante, de limpieza, de maquillista, etc. Así que en ese sentido, no me fue mal.
                   Grey, es un acomodo, ya que al principio fue Greg. Sí, por un hombre o no sé que cosa sea monstruo llamado Greg Nelson. Nacido en Lake Tahoe California. Me dio posada a cuando yo tenía 17 años y no tenía donde albergarme porque andaba sola en la capital de la República. Yo, era protegida por un sacerdote llamado Víctor, y no recuerdo su apellido, pero se hartó de mi, y razón no le faltó, porque yo no quería ser religiosa. No tenía la vocación y siempre fui muy rebelde. Así que, aprovechando que el sacerdote era el jefe de la materia de "Ciencias Religiosas" me iba a la Ibero, esa escuela esnobista donde tuve ¿la fortuna? de conocer en persona a Paulina, la hija del presidente de ese tiempo, José López Portillo. Era una chica guapa, de ojos azules, muy delgada y muy alta, y quizá aprovechando el alto mando ejecutivo de su papá, lanzó un disco que tuvo éxito en aquella década. "Desilusión" se llamaba el tema, y apenas si era una palabra llena de verdad, porque los mexicanos vivimos una enorme desilusión cuando su padre nacionalizó la banca y nos dejó endeudados de por vida. La chava era de lo más sencilla y buena onda. En la cafetería de la Ibero, siendo yo una chiquilla de 16 años, me juntaba con aquellos juniors que tocaban la guitarra y cantaban canciones de "Los Beatles", y cuando llegaba Paulina Portillo, pues, más grande se armaba la fiesta. Alguna tarde yo canté un par de canciones, escritas por mi, con esa guitarra que no supe de quién era y recibí muchos elogios y aplausos. Y Paulina, la hija del presidente me felicitó. Y de ahí no pasó.
       Una vez que fui lanzada a la chingada por el padre Víctor no me quedó más que buscar trabajo de empleada, de secretaria para ser más exactos. Me alteré la edad, 18 años, para poder obtener mi cédula cuarta (hoy ya no existe)
         Cuando canté aquellas tardes en la cafetería de la Ibero, me sonreía mucho un muchacho enorme con ojos azules que parecían cuentas de cristal y no ojos reales, llevaba barba y bigote. Era norteamericano. Recuerdo con su magnífico acento en español me felicitó y me dijo su dirección. Me la escribió en un papel. Vivía en la colonia doctores. Alguna vez se me ocurrió buscarlo y sí lo encontré. Me dio asilo en su casa, porque vivía en un departamento vacío, donde sólo ocupaba una recámara y la cocina. Todo lo demás estaba vacío. Así que no le pesó prestarme cobijas para que me acomodara en el rincón que quisiera y así, me ahorraría el pago de la renta. Nunca me faltó al respeto. Estaba consciente de que yo era menor de edad y que si bien, me había alterado la edad para poder trabajar como empleada, él sabía que yo era menor de edad. 
       Llegado un momento se volvió a su país. Lo lloré como si se hubiera muerto. ¡Nunca lo iba a volver a ver y fue un gran amigo!  Bueno, no sé si buena o mala persona era porque lo traté poco. Pero me tendió la mano y eso fue bueno. Nunca me pareció correcto que se presentara a la Iberoamericana sin pagar la colegiatura. Era "oyente" de algunas clases de medicina. Ignoro si en la Ibero se estudie medicina. También me decía que daba clases de Inglés en algunas empresas donde requerían que los empleados enriquecieran sus conocimientos con el Inglés, ese idioma que "nunca sobra".
        En cuanto tuve los 18 años reales no dudé ni por instante conseguir trabajo de cantante y lo obtuve. Fue en un cabaret. El inmueble lucía bien. Era elegante, con mobiliario fino, tapices de terciopelo, casi todo en rojo, alfombras muy mullidas, orquesta en vivo, pero, para todas las que trabajaban allí, sólo era un "putero" donde podían prostituírse y cobrar más caro "el acostón" porque se meneaban en una pista escénica. 
         Yo, Leonarda, con una voz muy delicada y un cuerpo escuálido no destacaba. Y me decían que no coincidía el nombre Leonarda con un cuerpecillo menudo y frágil. Yo, conservé los datos de tal Greg Nelson y le escribí un par de cartas. Sólo para notificarle que ya era artista, y que ya podían burlarse todo cuanto quisieran aquellos que no creían que lo lograría por ser tan flaca y tan fea. Recuerdo que me contestó una carta, que apenas si leí, y me deseó éxito. Para mi mala fortuna, la siguiente carta la recibí por medio de una amiga. Ya no vivía con ella, pero conservo mi correspondencia, que no era mucha, sólo fue esa carta. Y por esta carta me entero que el tal Greg Nelson, estaba de regreso en México y que vivía en el mismo edificio, pero no el mismo departamento. Estaba como huésped en la casa de un vecino. Lo fui a saludar y me dijo que se le conseguía trabajo en el cabaret y no fue complicado ayudarle. Si él me ayudó, no veía porqué yo no podía ayudarle. Se lo presenté al gerente y le dio trabajo de "garrotero" Se oye feo, pero garrotero es un ayudante de mesero. Se encargaba de mantener los ceniceros limpios, y asistir en lo más posible a los meseros. Apenas si duró una semana haciendo eso. Enseguida lo "ascendieron" a mesero y aunque ese tipo de personal no contaba con un centavo como sueldo, estos ganaban mucho dinero con las propinas y "bolseando" a los borrachos que  cabeceaban en sus mesas, abandonados a su suerte por su pendejismo y su puta irresponsabilidad. 
      No había vieja del cabaret que no terminara con los calzones húmedos soñando con las caricias del gringo. Este las ignoraba. Hasta a mí me ignoraba, pero yo ni al caso. Estaba tan entusiasmada con mis estudios de danza, de arte y demás, que lo menos que quería era una distracción de esa índole. Apenas si me enteré que se hizo amigo de un chileno, un joven muy amable que se encargaba de manejar las iluminación del escenario.
       Y sucedió una noche. Yo, casi nunca tenía dinero para gastar en un taxi porque todo se me iba en pagos a escuelas, partituras para los músicos, vestuario, etc. Siempre esperaba el metro, dormitando en el camerino para que se diera la hora. Alguna vez, sí tuve dinero porque recibí propinas una noche que la gente no prestó atención a las piernas falsas y les interesó mi voz. Recogí el dinero, como cuando se rompe la piñata. Y me quise dar el lujo de regresar a mi sórdido cuartucho, en el que casi siempre me despertaban las tortas de cal que se desprendían de la pared cuando me caían en la cara. 
       Y ahí sucedió. Un golpe seco me sacó de la acción. Cuando abrí los ojos el hecho estaba consumado. Me quitó el dinero y me despojó de esa puta virginidad que tanto cacareé por pendeja y presumida. Y creo que hasta aquí voy a dejar la historia. Como ya no era Leonarda, sino la "orquídea" porque, poco lo tomé en cuenta, pero este desgraciado me regaló una orquídea alguna vez, todas empezaron a decirme "Orquídea" y a veces "Orcas" "de cariño". Me odiaron. ¿Por qué a mí y no a ellas que se meaban a gotas por él? Quién sabe. El se encargó de negarlo. Y aunque el delegado de la ANDA me apoyó para poner una denuncia, que no pusimos porque un abogado dijo: "Jamás creerán que  una puta de un cabaret es violada" se desistió del asunto. No tenía testigos, y aunque me dijeron que los testigos "se podían fabricar" este sujeto tenía mucho material para fabricar testigos a su favor: SUS ADMIRADORAS. Y fue por eso, que dejé de ser Leonarda. Usé mi nombre real: Leticia, pero reducido a Lety. (significa alegría) y fue Lety Greg. En nombre de mi autor. Para que quedara para siempre, si es que duraba el nombre de la afrenta sufrida. Pero nunca pudieron decir Greg, con "g" al final, siempre decían Grey, o como ya dije "Gray". Y aquí les respondo, y espero que quede claro, quien chingados es Lety Grey. 


Aquí, la historia muy pequeña y adaptada a un talk show. El Palenque de Enrique Santos.
Con la gran actriz LAURA JERKOV Y MI GRAN COMPAÑERO CARLOS DONALD.

"DESILUSION" Tema escrito e interpretado por Paulina 
hija de quien fuera presidente de México
José López Portillo.

                    
               
          

             








DIALOGO ENTRE UN HOMBRE Y DIOS ¡SÍ! DIOS







DIALOGO ENTRE UN HOMBRE Y DIOS ¡SÍ!
DIOS












        Heme aquí Señor. Estoy a tus pies, derrotado y humillado. Tus otros hijos me han hecho el peor de los daños. Suponiendo pues, todo eso que se dice, que todos somos tus hijos, y que todos somos hermanos, y que nos amas a todos por igual ¿Por qué lo has permitido?
         Y Dios contestó: Sí. Todos son mis hijos, y a todos los amo por igual. Todos esos que te han humillado y te han hecho caer, se los he permitido porque tal y como tú lo has dicho, los amo. Les he concedido sus deseos. ¿Cómo yo, amándolos tanto, he de negarles lo que desean?
        Y el hombre dijo: Pero a mí me ha dolido. ¿Es que entonces los complaces a ellos y a mí no?
           Y Dios contestó: ¿De que modo quieres que te complazca?
          Y el hombre dijo: ¡Castígalos! Dices que me amas, que soy tu hijo, y yo deseo que los castigues.
          Y Dios dijo: No puedo castigarlos. Los amo. Yo no soy como tú. No te olvides que tú mismo lo has reconocido. Los amo. Es tal mi amor, que no puedo, no quiero castigarlos. Castígalos tú, porque eres tú quien tiene ese sentimiento de odio. Yo no. Yo no soy como tú. Yo no siento igual que tú. Yo soy amor, amor de verdad.
                Y el hombre dijo: Apenas puedo creerlo. No te entiendo. Dices que no puedes castigarlos porque los amas, que no quieres castigarlos porque los amas, es que ¿a mí no me amas?
                  Y Dios dijo: Te amo infinitamente, tanto como a ellos. Lo que te han hecho, lo que hacen, y seguirán haciendo me duele profundamente. Me hiere de una manera inimaginable verte sufrir. Pero también me duele que no tengas mi capacidad de amar. ¿Por qué no los perdonas como yo los perdono?
                      Y el hombre dijo: ¿Es que debo perdonarlos?
                       Y Dios dijo: ¡ Sí ! debes amarlos aunque te sobajen y te humillen, luego entonces, ese amor te conducirá al perdón.
                 Y el hombre dijo: ¡Es que no puedo! ¡Me han desgarrado el alma! ¡He sufrido las peores humillaciones!  ¡Me han vejado! ¡Han escupido sobre mi alimento! ¡Han levantado calumnias sobre mi persona! Se supone, que incluso los que más debieran amarme, es decir mis padres, me azotaron y me echaron a la calle, no me brindaron soporte alguno aun cuando lo necesité porque era yo un chiquillo indefenso... ¿Cómo quieres pues que perdone eso ? ¿Y encima tú ? No me consuelas, no me complaces.
                    Y Dios dijo: Yo te consolaré todo el tiempo que necesites porque te amo. ¿Complacerte? Es decir, ¿que derrame mi ira hacia a aquellos que tu odias? No. Eso no lo voy a hacer. Yo voy a estar aquí siempre. Cada vez que llores por todo lo que te hacen, y vengas a mi llorando, yo te consolaré porque te amo. ¿Eso no es suficiente?
                 Y el hombre dijo: Has dicho que  complaces sus deseos de hacerme daño porque los amas, y a mí no me complaces ¿ por qué?
                   Y Dios dijo: Ahora me ofendes. Derramas tu ira y tu frustración hacia mí. Me ofendes en el momento en que vienes lleno de rencor, al amor de los amores y le pides cara a cara que te complazca haciéndole daño a mis otros hijos...
                       Y el hombre dijo: Yo no te ofendo. Sólo pido tu justicia.
                      Y Dios dijo: No sólo me ofendes, sino que me decepcionas. Del modo en que, según tú, has venido humillado y derrotado a clamar venganza, así vinieron los otros. ¡No tienes idea cuánto me ha dolido! Y ahora tú, eres uno más, has venido a herirme tú también. Ahora soy yo quien te pregunta ¿ en herirme de ese modo, que interesas? Ya te dije que soy el amor de los amores, que soy amor de verdad. Soy Dios. Anda vuelve al mundo al que te envié que ya te llamaré cuando decida que vuelvas aquí conmigo, aquí entenderás todo. Vuelve allá con ellos, y arréglatelas como puedas, sin olvidar, que te amo infinitamente.


   

domingo, 1 de enero de 2017

LAS PRIMERAS HORAS DEL AÑO NUEVO Y LA SOMBRA DE TU CABEZA



LAS PRIMERAS HORAS DEL AÑO NUEVO Y LA SOMBRA DE TU CABEZA












      Fue un hombre muy viejo y muy solo. Fue conocido como un curandero, y todo los males los sacaba de los cuerpos a través de los huesos. Todos le decían "el Tatita". Nunca se supo su nombre, sólo era el "Tatita" y era el "huesero".
        Era flaco y alto, tenía los ojos verdes, pero toda su fisonomía era como la de un indígena. Alcanzó tal autoridad en aquella colonia vieja y pobre, que llegó a ser el jefe de manzana. Fue respetado. Obviamente, jefe de una manzana podrida y con gusanos. Eran las calles tan lodosas, con charcos atestados de sapos verrugosos y ranas ruidosas, que aquellos de la "manzana" sólo era un decir. Todos quienes vivían allí, eran gente pobre. Buenos y malos, eso sí. Era como cualquier lugar. Había gente allí, que sufría terriblemente por no aceptar su maldita suerte de ser pobre, y había otros, tan resignados a una vida sórdida que de ahí no pasaron, bueno sí, fueron descendiendo cada día más y más, hasta que desaparecieron. No dejaron huella ni historia. Y justamente esos, que no dejaron huella ni historia, fueron los que dejaron ese rastro sórdido, digno de contarse ¡quien lo diría! Pero es la vida. Normalmente nos interesan más esas vidas que no prosperaron. Los finales felices son de fábula; y ya nadie se lo cree, y esas historias no venden. Tenemos de ejemplo al tan querido Pedro Infante. En la vida real, fue un hombre rico, muy rico, infiel, no leal a la mujer que vivió con él en las malas. Se buscó otra, de mucha clase aparentemente, y digo aparentemente porque hay quien mide las clases sociales según el color de los ojos. Y ésta mujer que eligió, para abandonar a su esposa, tenía los ojos claros. 
       El ídolo Pedro Infante hizo muchas películas desde el siglo pasado y aun hoy son un éxito aunque la audiencia se las sepa de memoria. Y el éxito se dio porque siempre la hizo del pobre hombre, que muy guapo sí, pero siempre pobre, y cuando fue rico, fue cojo, y cuando le "curaron" la cojera, fue a dar a la cárcel. Patético ¿No? pero real. Son apenas contadas otro tipo de historias, las que lo encumbraron, fueron las del final fatal.
         Así es como el "Tatita" viene a cobrar vida en esta historia, un hombre solitario, que hablaba poco, o casi nada. Que no se sabía nada de su vida pasada y mucho menos desde cuando llegó a vivir a aquella zona pantanosa. Y fue de él, de quien supe, que de entre las muchas cosas hacía para ganarse la vida, sobando las articulaciones con linimentos misteriosos, se hacía pasar en algunos casos con dotes de adivino. Decía que, aunque no estuviera de fiesta la víspera del Año Nuevo, el permanecía despierto para poder ver los primeros rayos del sol, y ponerse bajo la luz y ver su sombra. Tenía que verse su sombra completa, sabía, decía él, de muy buena fuente, que si en tu sombra faltaba la cabeza, ese año morirías. Justamente el año que murió el Tatita, no se enteró con antelación, porque el amanecer de primer día del año, amaneció triste y nublado, como suele ser común que amanezca en aquella tierra de la costa siendo Invierno. "Tatita" no pudo corroborar su destino, y dicen muchos que murió de miedo, ya que, porque no pudo enterarse de si ese, sería o no su último año. Por esa razón se fue encogiendo, tiritando de incertidumbre, perdió el apetito y el habla, y sin un resquicio de esperanza se atrevió a salir de su catre, y poco a poco, se quedó dormido, y nunca más volvió a despertar.
     A propósito. ¿Ya viste tu sombra bajo los rayos del sol ? Si ya han pasado las primeras horas del día, no importa si sí ves la sombra de tu cabeza, así no cuenta, solía decir el "Tatita".
      FELIZ AÑO NUEVO.

jueves, 29 de diciembre de 2016

LA NOVIA FEA Y EL MUERTO MALO








LA NOVIA FEA Y EL MUERTO MALO






        En vísperas del año que finaliza, y en el que, extrañamente conseguí más lectores que otras veces intenté sin lograr uno solo, escribo esto, que más que novela, narración o cuento, es una opinión acerca del 2016, año en el que, fallecieron muchos actores (nacionales como extranjeros) y yo, el hecho de haber estado en otro país (USA) me dolió mucho más.
            La novia fea y el muerto malo "no existen". Estamos en una sociedad donde a la hipocresía le llaman "diplomacia". Si no ejerces la "diplomacia", es decir, si no eres hipócrita y dices las cosas como son, de una manera directa, entonces no eres una persona sincera. No. Eres un cretino, un irrespetuoso, un majadero, un insensible, un deshecho de la sociedad, un ser sin escrúpulo alguno porque hieres la sensibilidad del pobre muerto (o sus dolientes) que yace ahí... con su cara encerada y su traje de fiesta, listo para el horno o para el festín de los gusanos (ésto ya lo escribí en algún otro relato). Tendrás pues, que hacer un esfuerzo, ponerte lívido y fingir consternación y darle la mano al familiar y decirle:
"Cuanto lamento el acontecimiento". Y de plano, no hacer o decir nada. Desde que existen las redes sociales, FACEBOOK para ser más concreta, toda la gente es periodista, crítica, sabe de política, de arte, de belleza, ¡de todo! Y emiten su opinión en todo, aun que no sepan nada de lo que antes cité. Pero como es una red social, donde es para "supuestamente hacer amigos" tienes que verte "diplomático" si es que quieres muchos "likes" y/o reproducciones de tus vídeos, aunque sólo se trate de cómo estás friendo un par de huevos para el desayuno. 
       He colgado dos que tres vídeos, tanto uno que produje en USA como otros dos o tres que hice aquí. No son las grandes producciones, pero los he hecho con muy buena voluntad y con grandes aspiraciones ¿por qué negarlo? Cuando pedí que lo comentaran, hubo sólo dos personas que me dijeron vía "Inbox" que el vídeo no les había gustado. Y no hicieron el comentario público porque temieron dos cosas: que yo les retirara mi amistad, y la otra, que los que dijeron que sí les gustó, ofendieran a quien fuera sincero y directo. O sea, NO DIPLOMÁTICO. NO HIPÓCRITA. 
       La gente que tenemos agregada en nuestra red social NO SON NUESTROS AMIGOS VERDADEROS. Yo tengo agregados a actores "famosos" que no conozco ni en persona. Pero como somos del "gremio" artístico tenemos que estar conectados. Son los que reciben más "likes" ¿por qué? No lo sé. Ellos postean una foto porque tienen su red social y no creo que les importe saber a quién le gustó la foto del primer diente de leche que se le cayó a su nieto. A mis verdaderos amigos, les telefoneo, si es que me entero que tienen un problema, y no lo hago para que me agradezcan. Soy así. Y lo hago, si es que me siento con la capacidad de brindar un apoyo. Si no, pues no llamo.
        Los desastres naturales, accidentes, perritos abandonados, gente hospitalizada... ¡Ay! es muy desagradable ¿no creen? No sé si ha funcionado. Pero particularmente los desastres naturales reciben muchos comentarios y el que más me purga es el: "AMÉN". ¿Saben que están diciendo? Están viendo niños en los huesos muriendo de hambre, muertos, gente mutilada en Siria o "anyways" como suelen decir mis paisanos en USA, y la gente escribe: "AMÉN" Están diciendo. Así sea. Nada más. No están rezando ni rogando a Dios que les ayude. Sólo "amén". El chiste es que vean que eres un humano bien "buena onda" que te pre-ocupas, aunque no te ocupes por todas esas tragedias. Y si te ocupas, realmente ¿que podrías hacer? También hay que aceptar esta realidad. Entonces quizá ustedes tengan razón y sigan escribiendo "amén", y así es y así será y seguirá por los siglos de los siglos, amén.
          Volviendo al muerto malo que no existe, pues sí, sí existe. A mi me tocó ir a un velorio, a ver si podía recuperar algo de lo que perdí aquella nefasta tarde que el hombre murió. Me pidió dinero prestado, una, y otra, y otra vez. Nunca imaginé que se iba a morir, de saberlo, es "neta" no se lo habría prestado porque no soy rica. Si fuera rica quizá, tampoco pues, volvería a ser pobre en cuestión de minutos. Total, que cuando me dijo claro, a grito vivo que no me pagaría y que le hiciera como se me diera la gana, sólo atiné a gritar: ¡Ojalá te mueras! ¡Ojalá te mueras culero hijo de tu reputísima madre, ogete, traidor, y el día que te mueras, si me entero, mira, ahí voy a estar sentada gozando tu muerte! Y colgué. 
          ¡Que feo! No sucedieron ni dos meses, cuando a través de Facebook, me entero que esa persona había muerto. No gocé. No me alegré. Me asusté. Me fui de rodillas bajo una enorme cruz de madera con un Cristo hermoso que adquirí en una tienda de San Miguel Allende. Ante mi desesperación y mi miedo, creí que un hermoso trabajo de talla en madera me daría la ayuda que estaba necesitando. Creí que esa pieza de arte era Dios y mi consciencia. Ni la pieza de arte es Dios, ni me iba a ayudar a nada. Tuve que aceptar que la persona se murió porque se tenía que morir, no porque lo que le grité y todo fue una absurda coincidencia. Aun así la culpa me empujó hasta estar frente al ataúd de mi ex amigo. Y lloré. Lloré de miedo. Y después lloré de rabia. Unos minutos antes de sacar el ataúd, estábamos ahí, no uno, muchos que fuimos burlados por esta persona. A muchos nos pidió dinero y fue que, en efecto, sabía que iba a morir. Y quienes estábamos ahí, fuimos también con un resquicio de esperanza, no de que resucitara el muerto, pero sí de que, quizá los familiares, enterados de la conducta del occiso, nos pagaran al menos algo. La situación se dio así. Su representante legal habló con parsimonia, con la voz quebrada por un sentimiento de no se qué y dijo: "Estoy consciente de las chingaderas que a muchos de los que están aquí, les hizo el finado. El no se esconde, él está aun aquí... ¡cóbrenle! Así lo dijo, violando el protocolo que exige la situación de un discurso frente a un muerto que no debes ofender con la palabra chingaderas. Creo que a la gente lo que más le turbó fue la palabra altisonante, que la supuesta buena voluntad de resarcir la mala conducta: Cóbrenle.
      Así que ya saben por qué me dolió la muerte de aquel sujeto.
     Y ahora, las muertes que me han dolido sobremanera, de gente que no conocí en persona, fue Chachita. No escribí comentarios sobre si fue o no buena persona. Eso yo no lo sé. Ella, fue un personaje, al que a través de su trabajo, aprendimos a amar, (al menos yo sí) y eso fue lo que escribí. La muerte, se supone, debiera lamentarse siempre si quieres ser diplomático, si eres honesto, SÍ DESEAS QUE SE MUERA PEÑA NIETO Y DONALD TRUMP por ejemplo. Pero no, ¿que va a decir Dios? No creo que Dios a mí, directamente me vaya a decir nada. La muerte de Charly Valentino, con quien había hablado un día antes... ¡hasta hice un vídeo! No lo conocí en persona, pero supuestamente nos íbamos a conocer, iba a viajar a Kansas y a ser jurado de una competencia que se llamó "MI SUPER MAMÁ" Otra muerte que me dolió fue la de Jano. Justo estaba yo en Chicago cuando me entero que le dieron un balazo en la cabeza. Algunas actrices me telefonearon y me dieron detalles de lo sucedido. Hice un vídeoclip de todos ellos, de María Luisa Alcalá que me dio trabajo en su negocio y fue un honor para mi, haberle servido de bastón dos que tres veces en Televisa, donde, mi tocaya Leticia Perdigón le comentó: "que bueno que ya tienes quién te ayude" Ella, Leticia Perdigón no me conoce porque yo no soy famosa. También estaba ahí Juan Osorio, y María Luisa le dijo: "dale trabajo cabrón, ella le echa ganas" y ahí quedó todo. De esas personas, puedo decir lo que me dieron. Ignoro si fueron buenas o malas, conmigo, fueron buenas personas.
      Al que le fue peor fue a Nicolás Alvarado. ¿Alguien lo recuerda? No creo que tenga Facebook, pero a la muerte de Juan Gabriel (que ya casi lo quieren hacer santo) dijo cosas que se tiene que decir que son "comentarios desafortunados" si escribes en un periódico o si eres conductor de TV. En las redes, los que la hacen de "críticos, comunicadores, esos que saben de todo" aunque no sepan a ciencia cierta quien es el "pendejo ese que se atrevió a decirle a Juan Gabriel naco" así lo dicen, no corren el riesgo, como él, que renunció, o lo obligaron a renunciar a su trabajo en la UNAM por hacer un "comentario muy desafortunado" que hirió a un pueblo que lloraba la muerte de un ídolo. Juan Gabriel, me gustan algunas de sus canciones, pero no lloré por su muerte. Tampoco me habría atrevido a decir que es un "naco" porque naco es más una actitud que otra cosa. Es un hombre admirable por todo cuanto logró. Todo mundo dice que era bueno, pero eso ya no me sonó original, porque repito: TODOS LOS QUE SE MUEREN FUERON BUENOS. ¡Hasta Fidel Castro! Yo, que no sé nada de política, sólo escuchaba a los cubanos que se refugiaban en Mérida y en Veracruz, que no eran comunistas, que Fidel era una mierda, un culero y que no les daba libertad ni de celebrar la Navidad, que tener sida era un delito y ¡sabrá Dios que tanto se sufrirá en un país con un dictador tan sui géneris como Fidel. 
       Y para no hacer esto tan largo, porque sé que está enredado y a la gente, la mayoría, no le gusta leer, y menos a una autora que no es famosa como Angeles Mastretta, Elena Poniatowska, o mi Gabo precioso, (he leído casi todo de él) pues termino diciendo:
¿ QUE BONITA SE VEÍA LA NOVIA VERDAD?
a nueve meses de vivir en USA



UN AÑO MAS, ¡YA EN MÉXICO!

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¡NO TENÍAS NINGÚN DERECHO!

       

 Se apareció de imprevisto y parecía tan inofensivo. Sus ojos eran ámbar y me imaginé dos cápsulas de miel. Miedo. Horror. No soportaba mirar su alma a través de aquellos hermosos espejos. Su sonrisa perenne. Su relajada pose, como un niño que se sabe seguro en el seno familiar. ¡Y estábamos tan solos! En un suelo extraño donde la civilización hizo trazos y bordes y pusieron nombres a los pueblos, según sus héroes, según sus gustos, y fueron víctimas desde los tiempos en que quisieron llegar tan alto, y crearon la torre de Babel. Pero de tácito nos entendimos el y yo, porque hablábamos el mismo idioma, teníamos los mismos sueños, perseguíamos desaforadamente el mismo camino, y buscábamos la escalinata hecha de nubes con las incrustaciones brillantes del polvo lunar, y pisamos los escalones que se deshacían sin piedad. 
          Mientras se hacía más sólida la escalinata, nos perdíamos entre en lúdicos paseos. Perdíamos el tiempo, o bien, hacíamos tiempo antes de ir a internarnos en las labores que nos hacían ganar dinero para pagar los servicios más necesarios. Es decir, nos ocupábamos un pequeño momento de la realidad, para que, a la primer oportunidad, nos volviéramos a escapar a aquellos oníricos sitios que sólo vivían en nuestra imaginación.
               Y yo, que me equivoco. Hice  lo que jamás debí hacer. Violé mi juramento y fijé mis pupilas sobre las suyas, derribé al miedo ¿ Qué puede pasar ? Me decía, sabiendo que me engañaba. Con la absoluta y total certeza de que me encaminaba a una barranca sin paracaídas, sin parapente, cual artista de circo que camina por el alambre sin red. ¡Me caí! Pisé la trampa y gocé mis noches mojando mi almohada con el llanto de mi alma fracturada por el golpe de la caída. Le di la bienvenida al insomnio que hizo mis noches trémulas, tiritando toda de amor, un amor castrado por la indiferencia, porque él no se asomó a mis espejos y no vio el estado de mi alma. El ganó. De haberse asomado, habrían sucedido dos cosas. O me abrazaba y no me soltaba nunca, o huiría, porque en su vida, jamás, así esté sentado junto a Dios, encontraría a una simple mortal capaz de darle todo. Lo amaba. Lo amé. Lo amo. Aún lo amo.

                  Y ahora me da rabia. Admito que ha buscado acurrucarse en otros brazos y en lechos húmedos de otros antecesores y lo han usado; y después, le han mandado a paseo, y ha vuelto a pasear conmigo. Le he abrazado consolándole de sus fracasos, y a la vez saboreando mi venganza y aumentando mi frustración y dañándome por dejar vivir un resquicio de esperanza porque no entiende mi lenguaje, ese otro lenguaje que se dice con el tacto, con la mirada, con los suspiros, con el aroma de la brisa que le envío día a día con el primer beso que lanzo a cualquier nube viajera para que lo bañe y lo haga reaccionar. Nada. No pasa nada. Ni la luna de Octubre pudo mandarle el recado, aun que supe que la miramos una mañana al mismo tiempo. O bien ella no se lo dijo, o él, aturullado y tonto no lo entendió. ¿ Por qué no me miras? ¿Por qué no me entiendes? Por que yerras el camino y te vas a la dirección contraria. Otra vez lloras, otra vez te quejas, otra vez te usaron, y nos entiendes de ningún modo toda la ternura de mis brazos que te consuelan que es aquí donde podría acunarte hasta el día de mi muerte o de la tuya. Y así las cosas al sol de hoy.
          Hey tontuela: ¡No tenías ningún derecho de asomarte a aquel laberinto mortal! porque conocías el resultado. Enamorarse es arriesgarlo todo porque se trata del corazón. Ya no hablemos del alma que anda penando las noches en que las estrellas lloran también porque se contaminan de su congoja.  Y tú, necio, orgulloso, presuntuoso, tonto... ¡No tenías ningún derecho a cruzarte en mi camino. Dí con qué derecho, llegaste a mi vida, y como "Pedro por su casa" sin avisar franqueaste la puerta de mi espíritu, tan solo como el tuyo, el mío más vulnerable, el tuyo, quizá mas frío. Di con qué derecho me provocaste el insomnio que como un desgraciado demonio se instaló en mi pecho y no se sale, así ponga millas de distancia, un océano de cristal que se rompe con un mínimo suspiro por ti. Di, dilo fuerte, di con qué derecho llegaste y destruiste mi paz, con que derecho te robaste mi felicidad. ¡Maldita la hora en que te conocí! ¡Cómo deseo que te mueras! ¡Sí! Muérete, muere dentro de mi y salte, y vuela como pañuelo viejo e instálate donde puedas estar bien o mal, pero no dentro de mi. Y te he condenado a la pena capital porque tú me mataste primero, mataste mi paz, mataste mis horas tranquilas. Eres un asesino de mi voluntad ¡Fuera de mi vida! 
With my whole soul ask you, kill Numen's mommy... DO IT, DO IT, DO IT

martes, 27 de diciembre de 2016

SÍNDORME DE ABSTINENCIA

       

Se aferró al suelo y esperó a que el mundo dejara de moverse. Pero eso jamás ocurriría. Era algo que uno descubría cuando estaba drogado, o agotado, o febril: el mundo siempre se movía y sólo una mente sana podía detener sus giros desestabilizadores.


Era estudiante de teatro y me obligaron a ir a ver la puesta en escena "Las noches de Pirandello" en uno de los foros de la UNAM. Para qué digo más, si no entendí absolutamente nada. Llegué a mi clase el día lunes, total y absolutamente resignada a reprobar esa clase: Historia del Teatro. ¿Cómo iba a hacer una sinopsis de la obra? ¿Cómo iba yo a emitir alguna conclusión? ¿Cómo? ¡Bendición! Toda la clase llegó con el mismo acerbo y la peor frustración, incluso, con las mismas dudas: ¿realmente queríamos ser actores o actrices?
        A mí me pasó. Creí que, tal y como solía verlo en las telenovelas, cuando solía ver telenovelas, pensé que las clases serían: ¡Oh! ¡Eduardo Francisco Gustavo Rafael!¡Te amo! Y seguramente dejaría impactado a mi profesor de drama, cuando colocara mi mano sobre la frente, y cerrara los ojos, al volver a decir: ¡Eduardo Francisco Gustavo Rafael! ¡Te amo más que mi propia vida! ¡Vaya pavadas! dirían los gallegos. Cuán insulsa yo, o las telenovelas. Pero aquí, secretamente, les diré: ¡Oh! ¡Cómo me gustaría trabajar en una de esas! Y decir, ¡Oh! ¡Eduardo Francisco Gustavo Rafael! ¡Te amo!
                Y bueno, sucede que me gustó estudiar, y aprendí un poco con el método de Konstantin Stanislavsky, pero a veces no me funciona. Y volviendo a las jodidas "Noches de Pirandello" el profesor senil y colérico nos perdonó la ignorancia, y quién sabe cómo controló sus impulsos de maltratarnos y gritarnos furibundo que ¡ser actor no es una carrera de niños y niñas bonitas, de ojitos azules! y que había que hacer más conciencia, y compenetrarse en el personaje que debiéramos interpretar, así se tratara de interpretar a una rana, había que sentirse rana, hacer "croc, croc" sentirnos cómodos en la humedad de los charcos hediondos, entre el verdín fangoso que ahí habita, sentirnos a gusto con nuestra piel verde y verrugosa y ... bueno, eso, era ser actor. Olvidar el ¡Oh! ¡Eduardo Francisco Gustavo Rafael! ¡Te amo! y yo, me imaginaba aleteando mis escasas pestañas en señal de coquetería.
                  Las "Noches de Pirandello" nos explicó; se trataba de un sueño. Los sueños no tienen coherencia alguna. Además, hasta ese momento me enteré, que uno tiene muchos sueños cuando duerme, y que a veces, sólo se recuerda el último, y suele olvidarse al despertar y ¡no tienen significado alguno! Así que, a olvidarse de que alguien morirá si sueñas que se te caen los dientes, o si ves a una mujer con atavío de novia de pueblo ilusionada porque su futuro borracho, perdón, su futuro marido le va dar vida de ángel, ya se lo saben: encuerada y sin tragar. No, no. La va a mantener, ya saben, como el fusil, bien cargada y detrás de la puerta. ¡Eso! ¡Era felicidad! ¡Oh! ¡Eduardo Fran... ! Bueno. Olvídenlo. 
           Agarré el vicio de fumar desde que fui estudiante de secundaria. Cuando fui estudiante de teatro, y todavía muchos años más, no había prohibición alguna para fumar donde se te diera la gana. Ahora, ya está muy estricto el asunto. Pues bien, creo que yo, le doy la vuelta al tal "Pirandello" con sus noches extravagantes de lámparas caminando, con piernas de mujer envueltas en medias de cabaretera, y de repente, sale un perro que no ladra, aúlla como gato, y ¡Oh my God! un sofá que habla en Francés. ¿Ya ven por qué no le entendimos a la obra? Si querían que hablara el sofá, que por lo menos hablara en castellano ¿No?
                  Por varias razones, la principal, el dinero, los cigarros mordían y feo, mi presupuesto y a mí, me crecía la necesidad de la nicotina en mi cuerpo. De golpe y porrazo. Dejé una cajetilla a la mitad arriba del refrigerador y dije ¡ni uno más! 
                    El primer día tuve un leve ansiedad que amortigüe con la adrenalina de mi buena voluntad. Era sosegar dicha ansiedad, con "vamos, tú puedes". El segundo día la ansiedad creció, y el tercero fue el colmo. Creí que me iba a dar un ataque. No podía cagar. Intenté más de cinco veces y nada. Unas compañeras de la agrupación musical donde yo cantaba, y ellas sí fumaban, me decían "dale una jaladita, o dos, y verás como sí cagas" ¡No! ¡Esto no puede ser más fuerte que yo! Después vinieron las temblorinas en la manos y en la piernas. Me atacó un insomnio impiadoso y sentí náuseas y sí, sí pensé que me iba a morir, pero sin fumar. Me la puse muy difícil cada que veía la cajetilla sobre el refrigerador. Con un descanso exiguo, los temblores, las náuseas, trataba de vivir esos fatídicos momentos que se ya se percibían en mi rostro estragado por falta de la droga. 
                  La primer noche que aparentemente dormí, desperté en el suelo, en un charco de mi propia saliva. Y es que, soñé que un tipo extraño, parecido a ese que pintan como el diablo en las tarjetas de la lotería, me daba a fumar un pitillo de más de un metro de longitud, y yo, desesperada jalaba y jalaba, pero no me sentía mejor dentro del sueño. Así que, una vez despierta, me limpié la baba y traté de desayunar. ¿Cómo habría hecho la puesta en escena el "Pirandello" ese tomando como referencia mi sueño? Creí que esas cosas sólo las vería en mis sueños, y me consolaba al menos pensando que sí dormiría, aunque tuviera pesadillas. Estaría en la calle a las dos horas de haber tomado un desayuno que dejé más de la mitad en el plato sin tocar porque ¡Cómo necesitaba un cigarro! ¡Una "jaladita" como decían mis compañeras! ¡No! ¡Mi voluntad ante todo! 
          Estaba frente a un edificio con dos enormes columnas blancas que había que franquearlas para llegar a la puerta. Las columnas se movieron, de estar rígidas y verticales, se movieron y quedaron verticales, apuntando hacia mí, vi el color café del filtro de los cigarrillos, y me dio taqui- taqui- cardia, porque tenía frente a mí, dos cigarrillos más grandes que los que me ofreció el puto diablo de mi sueño. Y cerré los ojos, y jalé y jalé... pero la ansiedad no cedía. Un claxon me sacó de ese lamentable estado y ya estaba yo babeando otra vez. "Voy a convulsionar" Estaba segura que caería al suelo con estertores que me harían moverme como epiléptica en el suelo de una manera dramática, pero estaba segura que consciencia ya no tendría. Pero no ocurrió nada. Lloré. Mandé a la chingada, así literal, a los conmovidos por mi llanto que me sobaron la espalda y me hacían preguntas sobre lo que me ocurría, y si me podían ayudar. ¿Cómo? Yo me metí en ese problema, y yo, sola, tenía que salir de ésto. ¡Ah! Entonces también estaba histérica. Los insultos que me profirieron aquellos "redentores" me los gané a pulso.
             Con el profesor de Historia del Arte me desquité. Condenado viejo atrabiliario que ya me tenía harta, porque cada vez que teníamos que analizar textos, nos cortaba la inspiración porque se quedaba dormido en su silla y sus ronquidos eran tremebundamente exasperantes. Le grité y de un salto miró hacia todos lados: "¡Que pasa! ¿Estás temblando? ¡Recuerden! ¡No corro! ¡No grito! ¡No empujo!" Al tiempo que gritaba, corría y nos empujaba a todos al patio. 
                   Francamente no fui yo quién hizo un escrito solicitando la dimisión del profesor, pero sí lo firmé con la pena, tenía como noventa años, y sinceramente, con esa materia, éramos más bien, autodidactas. Ese profesor ya no tenía la capacidad de enseñarnos nada. ¡El pobre! Quizá fue un buen actor en sus tiempos, y buen maestro. Quizá. Ni siquiera recuerdo su nombre, y es que muy probablemente, trabajó en películas de cine mudo, de esas que ya no se ven, y menos si fueron mexicanas. Quedan una magníficas obras pero de Charles Chaplin. ¡Que exagerada! Igual y no  hizo cine mudo, pero seguro sí, ese profesor conoció muy bien Salvador Toscano. ¡Hasta se habrían ido a tomar un café en el Sanborns de los Azulejos. Tan antiguo se veía nuestro longevo profesor, que usaba traje con bombin muy fino, de esos de marca "tardan".
            Volviendo a mi mal-estar, una tarde no pude más. Rompí mi endeble voluntad y me fui sobre la cajetilla de cigarros ¿Por qué sufrir? ¡De algo de he morir! Enfisema pulmonar, cáncer o quién sabe de qué, pero la muerte es segura. Prendí mi cigarrillo y le di una jalada con singular pasión. El efecto fue inmediato y totalmente negativo. Tuve una crisis. Mi cuerpo se empezó a sacudir violentamente, no sabía si correr, gritar, y empujar como si hubiera un terremoto. ¡Cuánta soledad vive un abstemio en vías de recuperación! Nadie entendería lo que yo sentía. Arrojé el cigarro prendido lejos de mi, y se fue brincando por los escalones, salpicando chispas, y de una de las chispas, se hizo una especie de cometa, y se fue directo a una luna privilegiada, de esas de las que tienen permiso de salir de día. El conejo del satélite cogió el cigarro y se lo fumó, le jalaba, le daba el golpe, me miraba, me movía su naricilla nerviosa y luego se carcajeaba mostrando sus dientes y me pelaba sus ojos rosas. Llorando me tumbé en mi cama y no supe en qué momento me quedé dormida. Y tuve un sueño muy largo. Primero, que venían las fiestas navideñas y me abrazó una melancolía que no me permitía parar de llorar. Me angustiaba sobremanera qué se serviría en la cena de gala de Nochebuena. Un joven que nos asistía en el servicio me dijo: "Cómanme a mí, y cenen en Nochebuena". No recuerdo cómo se hizo, pero de repente, lo vi en una charola, con cuerpo de pavo al horno, pero seguía conservando su cabeza humana. Le notaba un poco de malestar en los ojos, se veían rojos, como que lucía resfriado. Nada. Cual "Noche de Pirandello" estaba yo frente a un arroyo, con una bata de gasa blanca, el arroyo era normal, lo que no era normal era que Jesús, sí, Jesucristo estaba detrás de mi. No volteé a verlo pero sabía que era él. Le dije: ¡Quiero volar! Pero no volé. No sé como estaba en ese arroyo, como en un manto de agua tibia que me hacía cosquillas en la nuca. Mi compañera de cuarto, más tarde me dijo que me escuchó reír dormida. Y sin saber cómo, ya estaba con mi hermano mayor, él y yo, cohibidos hasta el delirio, porque habíamos tenido relaciones sexuales. En el sueño no las tuve, simplemente sabía que lo habíamos hecho y nos sentíamos mal, muy mal. De pronto me puse de pie, y ya estaba en la agrupación musical y cuando les pedí mi micrófono me dieron un caramelo blanco con listones rojos. Ese sería mi micrófono. Mientras cantaba, toda la gente se levantaba de sus asientos y se iba. De repente, una pirinola giraba en  el remolino que tengo en la cabeza, tenía que estar muy recta, si hacía un movimiento perdía todo el equilibrio y me caía. Mi compañera de cuarto me despertó sacudiéndome porque se asustó al ver, que iba de una orilla a otra de la cama y me asía a las orillas rechinando los dientes. Sudaba copiosamente. Me preparó un té y me volví a quedar dormida, y volví a soñar, que unos hombres con las piernas amarradas o liadas no se cómo pero las tenían en posición de "flor de loto", y los brazos liados también, se masturbaban rozando con sus talones sus genitales, y cuando eyaculaban, lo hacían sobre una tierra sembrada de maíz. Ellos eran los padres del maíz porque no agua, sino semen, era lo que la regaba. Y entonces vi a la tierra muy orgullosa por ser madre. Al despertar otra vez chapaleando en sudor, me di cuenta que tuve el las piernas y el vientre tensos, de un modo tal, que cuando desperté descansé de esa tensión. Pero era un renacimiento. Desayuné todo lo que me serví. Me sentía fresca y relajada. No tenía el mínimo antojo de un cigarro. Al contrario, sólo de imaginar el olor de tabaco me daba náusea. Me di cuenta que empecé a recuperar el sentido del olfato y el gusto, porque percibí un aroma a jazmines cuando mi compañera de cuarto salió del baño, y le pregunté que si esa fragancia era nueva y muy quitada de la pena me dijo que era la que usaba siempre, desde niña. Y lo del sentido del gusto, quizá porque esa mañana los huevos revueltos con jamón me supieron deliciosos, tanto, que no quise una jugo de naranja. Me tomé una cerveza. Y ya en la tarde me presenté a mis clases. Ahí inicié una composición parecida a "Las Noches de Pirandello" para que el maestro de drama la revisara y me permitiera mostrarla en "El Teatrín" lugar donde se hacían los exámenes de final de curso. Si se presentó o no, eso no fue relevante, me sentí tan contenta de haberme liberado del hábito de la nicotina, que comía tan, pero tan feliz, que acompañaba mis alimentos con una cerveza oscura y helada. Mis profesores me felicitaron por mis dieces en todas las materias y me auguraban mucho éxito como actriz, aunque no fuera güerita de ojos azules como la Edith González. Siempre y cuando, fuera así de disciplinada como lo fui en todo el curso. Y, no sé a que se deba, pero, cada que voy a dar función de teatro, me tengo que tomar una cerveza, oscura y helada. Sólo es para relajarme. No es que la necesite, sólo que si no la tomo, las funciones de teatro no me salen igual. Bueno, todo esto lo resumo a que, gracias al síndrome de abstinencia, pude escribir una historia, tan incoherente, tan poco eficaz, tan ininteligible como las exasperantes "Noches de Pirandello"
FIN.
P.D. Dedico este relato a mi madre, quién fumó por más de cuarenta años de su vida. Dejó el cigarro, tal y como lo narra en primera persona el personaje. No es mi caso. Nunca he fumado. Y no necesito una cerveza para actuar. Es algo que se me ocurrió poner al final.

lunes, 26 de diciembre de 2016

SÓLO MIS LÁGRIMAS REGARÁN TUS FLORES

SÓLO MIS LÁGRIMAS REGARÁN TUS FLORES



        Un ser sumiso necesita tanto las risas como las lágrimas. Con las dos disfruta plenamente.


     Creí que había llegado a vivir a un paraíso ¡Casa propia! Aunque el día que ocupé mi vivienda propia, me percaté que el edificio se balanceaba, de un modo tal, que la primer vez creí que era un temblor de tierra, de los endémicos que se sienten en la capital; después, el administrador (no sabía que tenía que pagar ese servicio, ni que existiera ese tipo de servicio, como una profesión tal cual) me informó que había un estudio minucioso de que el edificio era seguro. Lo del balanceo se debía a que está situado muy cerca del viaducto, y que los carros pesados lo hacían vibrar.
     Lo que fuera, ya había comprado el departamento, un hogar vibrante, pero "propio". Uno busca "algo propio y seguro" ¡Ajá!
    Un departamento situado geográficamente muy bien, a diez minutos del aeropuerto, a diez minutos del centro de la ciudad, rodeado por más de quince bancos, enfrente de un mercado ¡Ajá! Vale mucho dinero ¡Ajá!
          "Nada vale nada, y todo vale todo" Descubrí ¡Ajá! ese tipo de lema. Todo es perecedero, incluso las rocas. Así que ¿propio? ¿seguro? Nada es propio, nada es seguro. Nada vale nada porque finalmente la vida se termina, y todo vale todo porque somos los humanos a quienes nos encanta ponerle precio a todo. Costo y valor, no son la misma cosa. Por ejemplo, una madre "muy cursi" podría considerar un gran tesoro el primer mechón de su hijo, el primer diente de leche que pierde, y si se pasa de "cursi" se dejaría arrancar los ojos y quedar tuerta pero conservando ese tesoro de su hijo ¡Ajá!
       Otro ejemplo: una muy mala madre, que le da estudios a sus hijos, pero siempre con la esperanza de que sus hijos le devuelvan, peso sobre peso, todo lo que ella gastó para darles una carrera y se defiendan en la vida ¡Ajá! Y si el hijo se casa, entonces, la madre, quien fuera la primer mujer que amó en su vida, pasará a segundo plano y es ley de vida, de Dios, y ¡Ajá! Y bueno, que me dicen del oro y la plata, valen más que otros metales. Pero metal al fin ¡Ajá!
      Bueno, toda esta parafernalia o introducción es debido a que, cuando dos personas se casan ante la Iglesia, en la católica al menos, sólo la muerte es la autorizada para romper esa relación. Nada debiera pues romper esa unión, no importa que el marido sea un picaflor, un "Don Juan", un culero, un cabrón ¡Ajá! ¿Y la mujer? poco se dice, pero se supone que debe ser fiel, limpia, trabajadora, y dispuesta a tolerarlo todo. Lo de la fidelidad, el juramento debiera aplicar a ambos ¡Ajá! Pero, pues, aunque la costumbre no es ley, pero se parece, la costumbre es que el hombre, puede ser infiel, culero, cabrón, y sólo parecerá más hombre, mientras que si la mujer es infiel, culera y cabrona, sera "una pinche perra y puta" ¡Ajá! Y hasta entre nosotras las mujeres, la señalaríamos: "Pinche puta ¡mira que ponerle el cuerno al marido! ¡Ajá!

       Regresando a mi nueva y vibrante vivienda, mi nido de amor, mi patrimonio para toda la vida ¡Ajá! con mi esposo fiel, trabajador, limpio, ordenado, y ... ¡Ajá! y yo otro tanto de... ¡Ajá! quise presentarme de la mejor manera a mis nuevos vecinos. Ahí todos éramos nuevos vecinos porque el edificio lo agarramos de estreno. Todos. Y la mayoría de vecinos, hasta el sol de hoy, han sido personas amables, poco me entero de chismes o problemas, quizá ha sido la suerte, o ... ¡Ajá!
     
        La mujer que fue la más gentil de todas, era quien fungía como la más ocupada en las cuestiones de las mejoras para los servicios de mantenimiento, y es hasta la fecha, quién no se preocupa, sino se ocupa personalmente de todos esos asuntos engorrosos, sin percibir un sólo centavo. 
     Todos prefieren pagárselo a un "administrador" que aunque no haga bien su trabajo, no están dispuestos a que una mujer que es vecina, que se parte en muchos pedazos, ya que es una mujer sola con hijos, pudiera hacerse "rica" ¡Ajá! con los pagos que le damos a un "administrador" que como no vive aquí, le importa un pito lo que nos pase. 
      Ya llevamos más de siete administradores. Y la vecina, sigue metiendo la nariz, robando horas a su sueño, pendiente de que las áreas comunes estén limpias, bueno, es admirable, conoce todas las conexiones de la luz, el agua, y cosas, que ¡ay no! No sé cómo hace para ser una mujer tan admirable.
        Tenía yo dos meses viviendo en mi nuevo hogar, y recibíamos a la segunda administradora. Una mujer gorda que creí que era muy mala, y para peor, su apellido era "Rabia" ¡Ajá! Rabia.
         Resultó una de las mejores administradoras que he conocido, pero los vecinos nunca están conformes. La echaron y de ahí, ha sido un ir y devenir de administradores y así las cosas...
          La administradora se hizo amiga de muchos, de la mayoría, y se entendió muy bien con la vecina gentil, que omitiré su nombre y solo le diré "G".
        Esta historia es verídica y ella, es mi amiga. Precisamente nace la gran amistad cuando ocurrió una tragedia.
         Alguna vez, en una de las áreas comunes del edificio vi a un hombre muy ebrio, sentado sobre un matorral, G lo ayudaba, trataba de asistirlo y apenas si me sonrió. Yo no pensé mal. Creí que era parte de su bonhomía tan característica de ayudar, y quizá se trataba de algún vecino. ¡Que paciencia! pensé. ¿Un borracho? ¡Ay no! ¡Que se joda! ¡Ajá!
           A las dos o tres horas unos toques desesperados casi derribaban mi puerta. No me despertaron, porque tengo la mala costumbre de dormirme hasta las cinco de la mañana, por escribir, pintar, dibujar, etc. 
         Era la administradora que, venía casi sin aliento por haber subido cuatro pisos, y con su obesidad y con la mala noticia a cuestas. Me pidió ayuda para G. En el camino me contó que su... amigo... su compañero... ¡Ajá! Ya entendí. Ese señor estaba ahí con ella, no es su esposo, no es su compañero, es su... ¡Ajá! Eso. Bueno, no es que yo sea de criterio amplio, sino que no tuve tiempo para pensar ni bueno ni malo, porque de tácito, ya estaba yo, no sólo en el departamento de G, sino en la recámara, viendo el rostro del hombre que estuvo ebrio, con la cara amoratada, un semblante espantoso por lo que pudo haber sido el último estertor de la vida, o de muerte. 
        Sí. Estaba muerto. ¡Ajá! Todo. De pies a cabeza. Estaba muerto. En la cama de una mujer que no era su esposa. ¡Ajá! de repente susurros, y tres hombres estaban ya ahí con una camilla. G lloraba. Me decía con la voz entrecortada que la administradora le había aplicado una inyección al ya difunto, pero no fue la inyección lo que lo mató. Estaba desahuciado porque tenía cirrosis hepática. Era un pobre alcohólico, enamorado de G, y casado con otra mujer.
         Los camilleros sacaron al muerto con sigilo. Yo fui parte de ese tipo de ¿conciliábulo? Sí. Ya que me estaba haciendo cómplice para tapar el "pecado" de G. Él, era hombre, y sólo fue un cabrón. Ya dije, y si todos los demás vecinos se enteraban de que un hombre, un grandísimo cabrón se había muerto en la cama de G, pero que ese hombre estaba casado con otra mujer, a la pobre G de puta no la habrían bajado ¡Ajá! ¡Segurísimo!
          Los trámites, papeleo, funeraria, acta de defunción se hizo muy ágil gracias a, ya lo dije, la mejor administradora que hemos tenido. Tenía "palancas" como se dice en México. Había sido esposa de un hombre que trabaja para el gobierno como judicial. Ella, la administradora no era más la esposa de ese señor, no le perdonó mal trato ni infidelidad. ¡Ajá! Pero creo que es una mujer muy tolerante, porque no juzgó ni de broma a G, y yo, pues, tampoco. Ahora viene lo bueno.
          El hombre muerto con atavío de caballero de fina estampa. Con traje de buena calidad, corbata, el rostro encerado para que denotara muy buena salud, para que luciera mejor de muerto que cuando estaba vivo ¡Ajá! Así es con los muertos. Son servicios muy caros, y bueno, G, gastó mucho dinero para darle un, digamos, funeral digno a ese hombre que ella amó hasta el último suspiro que, dejó en su cama de madre soltera. 
       Irrumpió violentamente la esposa ofendida, con la cruz de mártir sobre la frente, llorando con estridentes gritos de ser la única que merecía estar ahí. 
        ¡Fuera de aquí maldita perra! ¡Usurpadora de propiedades! ¡Mi marido! ¡Mi esposo! ¡El hombre al que le diera yo cuatro hijos, tres mujeres y un varón! ¡La legítima! ¡Ajá! ¡La única que tiene el derecho del hombre, de la Iglesia, y de Dios para quedarme aquí! ¡La que le amó sin importar su conducta reprochable! ¡La única que no tendrá la capacidad de maldecirlo! ¡Soy la esposa! ¡Ajá!
            Yo no podía creer que la esposa del muerto -No voy a dar su filiación, pero, viendo a G y a la legítima, uno se da cuenta enseguida por qué la muerte sorprendió al beodo en otra cama- la mujer esa, pululaba a gritos todos sus derechos, escupía su rabia contra la "ladrona" de maridos, la "verdadera culpable" de que su matrimonio ahora luciera, terriblemente turbio y ahora, exigía que por lo menos le dejaran el decoro de estar ella, y no la amante, en sus últimas horas. 
          Las últimas horas y minutos y segundos ya habían pasado. Lo que estaba tendido ahí, con traje para baile de gran gala, no era más que el bagazo de alguien que ya no sufría, ni amaba, ni odiaba, ni nada. Era nada. Pero el reclamo de la legítima era inquebrantable, y a nada estuvo de golpear a G, que lloraba de un modo quedo, más resignada que triste, más cansada que nada. No fue difícil convencerla que ya no había nada que hacer ahí. Ya, lo peor, había sucedido, por desgracia pues... 
       Pero yo no me quedé con la duda. Me llevé a la legítima a un rincón, que parecía más lúgubre que la capilla ardiente. Era un rincón frío, hacía frío a pesar de que ya era Marzo y había iniciado la extraña Primavera con unas lluvias tempranas. Y la cuestioné sobre el por qué quería velar a ese hombre que - no lo juzgué, lo juro- pero ¡se murió en la cama de otra mujer! Aunque esa mujer era mi amiga. ¿Por qué reclamaba con tanto ahínco el velar y abrazar a esa materia? ¿Ese cuerpo que alguna vez estuvo lleno del alma de su marido? ¿Que fue infiel? Si me contestaba algo, lo que fuera, coherente o no, la dejaría en paz ¡Ajá!
        Y la señora sollozando me dijo que le asistía todo el derecho, porque era la esposa. Allí se estaría, tiritando de rabia, pero cumpliría hasta el último momento del paso por la vida de su finado esposo, cumpliendo con lo que, según ella, era su obligación.
       Yo le dije, que si a mí me hubiese sucedido algo similar, una de dos, o me pongo el mejor traje de gala y me voy a "rumbear" por la vida, o me acostaba a dormir, bien calientita en mi cama, quizá viendo películas, comiendo rositas de maíz, y hasta ¿por qué no? jodiéndome con otro cabrón si es que tenía en la mira a alguien. ¿Fidelidad? ¿Obligación? ¡Ajá!
         Me daban ganas de ahorcarla por verla tan superlativamente pendeja. G, es hasta la fecha una magnífica persona y nunca hemos platicado al respecto, ni la he visto con algún otro prospecto. Sigue tan amable y gentil. 
          La vieja, perdón, la esposa legítima se desahogó conmigo, diciendo que ella era una muy buena esposa ¡Ajá! Que ya había telefoneado a sus hijos para que también estuvieran presentes, dándole el adiós a su padre, y viendo partir, sus restos, en lo que sería su última morada. Ese hombre, decía ella, era el padre de todos sus hijos ¡Ajá! el verdadero, el primer hombre que la vio desnuda ¡Ajá! el primer hombre al que le permitió introducirse a lo más recóndito de su intimidad. Ella, llegó virgen al matrimonio ¡Ajá! Y ella, estaba respetando los votos que juró ante El Santísimo y seguía sintiendo el mismo amor que sintió desde que lo conoció. ¡Ajá! Y ya para terminar, fue que dijo: Y no sólo eso. Yo, permaneceré viuda y sola hasta el día de mi muerte, porque si bien es la muerte la que me separa de mi marido, yo, como la mujer decente que soy, he ir a su tumba cada domingo, y lo lloraré hasta que Dios se acuerde de llevarme junto a él. Yo, la más pura y la mejor mujer que pudo haber elegido mi marido. Esto, le sumará puntos y brillos a la corona que Dios me tiene preparada en el cielo, y a él, que Dios le perdone, haré mandas para ir de rodillas hasta la Basílica de Guadalupe, para que María Santísima abogue por él y que Dios no le tome en cuenta su tremendo pecado capital, haber permitido que la muerte lo sorprendiera en la cama de esa casquivana, prostituta, que ya tiene asegurado su pase al infierno, que ni por el purgatorio ha de pasar, pero en fin, yo, la perdono. Sólo que aquí no la quiero, o la moleré a golpes.
      Yo, su esposa, la legítima, la verdadera, la única que regará con llanto las flores frescas que le llevaré cada domingo a su tumba, porque es mi esposo, mi amadísimo esposo, a quien, ni muerto él, yo, seré capaz de manchar su nombre.
       ¡Ajá!
           Lety Grey.