lunes, 31 de octubre de 2016

MUERTO EL PERRO, SE ACABA LA RABIA

MUERTO EL PERRO, SE ACABA LA RABIA




... Nunca confundas el silencio con ignorancia
la calma con aceptación
la amabilidad con debilidad...



     Parecía perdida por la zona de la Boticaria, más adelante de la zona militar, ya ni siquiera era el puerto de Veracruz, ya era la zona de Boca del Río. Pero empezó a ser exhibida en los matutinos y vespertinos que circulaban, no sólo en el puerto, sino en el estado. Por desgracia siempre en la nota roja aparecía el nombre de esa escuela secundaria federal.
    El director de la escuela, habló a los estudiantes sólo una vez al respecto, terminada una ceremonia cívica. Habló sobre al hacer caso omiso de las notas en los periódicos y que se enfocaran en lo que era menester, que era, su aprendizaje. Aunque en la materia de historia, quién sabe qué tanto podrían aprender. El maestro faltaba a menudo, y cuando se presentaba, tenía hálito a alcohol, y solía echar muchas pastillas dentro de un refresco de cola y se lo tomaba de un solo trago. 
     El nombre de Víctor René Martínez Guzmán no era muy familiar para muchos estudiantes en un principio. Le conocían como René, a secas. Fue por las notas periodísticas que se enteraron del nombre completo. Cuando no era una riña en una cantina, era porque había chocado su automóvil por manejar borracho, y el colmo, una menor se había embarazado del profesor. No se supo por qué, este señor no fue encarcelado, ni despedido del plantel educativo. Tenía a cargo la materia de historia y ¡cuánta ironía! también civismo. Los muchachos dicharacheros optaban por decirle “cinismo” a esta, que como de la otra materia, no aprendían absolutamente nada. 
     Irasema fue el nombre hecho público por otra  menor, que resultara embarazada del maestro René. No exigía cárcel, sino matrimonio. Esto no pudo ser, ya que, el profesor era casado.  En fin, que hubo algunos padres, que hartos de la situación, sacaron a sus hijas de esa escuela. Los que pudieron, quienes no, se aguantaron. 
     Una muchacha que gozaba de popularidad por su belleza dijo — Quiero tener relaciones sexuales con el maestro René. Ante esta afirmación, hubo quien enmudeció de susto, otras de asco, algunas otras de pudor, pero hubo quién se sumó — Yo también. ¡Hasta lo sueño! No me importan las consecuencias, no me importa que esté casado, no me importa si me embarazo.
     El refrán que versa, verbo, mata carita, aquí se aplicaba a la perfección, porque el susodicho no era guapo propiamente dicho. Por eso crea fama y échate a dormir, estaba haciendo que muchas jóvenes desbordaran su imaginación y querían conocer el misterio que lo hacía sensual. 
     Cuando se supo de una tercera joven que abandonaba la escuela por embarazo, el escándalo ya era algo desquiciante. Y es que René decía: levanten más la alambrada, que las gallinas andas con ganas, porque no mostraba el mínimo asomo de vergüenza. Era al contrario, parecía ufano con su etiqueta de conquistador. Era un sujeto absurdo y de pacotilla, que mostraba su caza de palomas mensajeras, muertas y clavadas en su concupiscencia.
Obviamente, era perceptible que ante sus compañeros de trabajo era un ser nefasto y lo tenían como apestado. Nadie le hablaba, y las maestras y secretarias del plantel lo evitaban, hasta para darle los buenos días. Quien quita la ocasión, quita la tentación; y no fuera la de malas, porque cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata moscas.

     La escuela, por desgracia, siguió ocupando la nota roja un par de veces más, pero no por culpa de René. Una joven muerta por atropellamiento y unos jóvenes en pandilla, asaltaron una tienda de ultramarinos. Y se observó el afán de protagonismo del maestro René cuando organizó, exigiendo se le obedeciera por su investidura de profesor, que tanto las mujeres como los varones, portaran un moño negro en la manga izquierda del uniforme, y consiguiendo autobuses, quién sabe cómo, llevó a más de una veintena de estudiantes en tropel, a dar el pésame a la madre de la joven acaecida, y a montar guardias alrededor del ataúd. Así mismo lo organizó con el sepelio, en donde, a la vista de todos, tenía seleccionadas nuevas víctimas, ya que, estas tres jóvenes, no ocuparon ningún autobús, sino que fueron a darle el último adiós a la infortunada muchacha, pero en el coche blanco del maestro René. 
    En cuanto al desastre del asalto y estropicios contra la tienda de ultramarinos; abogó para que no se levantaran cargos contra los jóvenes identificados. Se supo por todos los rincones, que el maestro dio una bonificación a los ofendidos, y esto salió de su propia bolsa. Y no era como para creer que: Nunca es tarde para bien hacer, haz hoy lo que no hiciste ayer. Consentir una acción de esta naturaleza, hablaba de un carácter torcido del profesor. No parecía un ser en sus cabales. O quizá estaba arreglando un tinglado por si alguna vez, requería ayuda de simpatizantes; algo así como dar el alón y comerse la pechuga.
     Aun con sus cacareadas buenas acciones, de los recientes sucesos,  el profesor no se congratuló con nadie de sus compañeros de trabajo. No querían aprender a aullar como lo hacía él; y es que su copa estaba a punto de rebosarse de abominaciones. Apenas a dos meses del funesto día de la estudiante fallecida, una joven llamada Shirley anunciaba su deserción por embarazo y no tuvo empacho alguno al decir que el autor era René. Y nadie lo puso en duda, todos la vieron muy oronda ocupar el asiento del copiloto la tarde fría del entierro. Aparentemente se escaparon las otras dos que lo acompañaran también. Estas dos jóvenes, a quienes las más mojigatas ya les asqueaba su presencia, también fueron expelidas de la mayoría de círculos de estudiantes, por aquello de las cochinas dudas, y porque la virginidad que todos tenían en la mente, parecía que ellas ya no la llevaban… donde la tenían que llevar. 
     Y sucedió de nuevo. Era Marzo y como todo Marzo engañador, uno día bueno y el otro peor, esta vez la nota, aunque roja, ocupó el titular de muchos diarios. El profesor Víctor René Martínez Guzmán fue baleado hasta morir, y se desconocían al homicida y los motivos que lo llevaron al cruento incidente. Hecho consumado, y no hubo ni siquiera un llamado al alumnado en ninguna ceremonia cívica, ni se les informó a donde se le harían las pompas fúnebres.  Apareció un profesor con muchas huellas de acné en su rostro y unos lentes de fondo de botella, con los dientes superiores de fuera, y dijo amablemente que él se haría cargo de las materias del profesor difunto. Se adelantó a decir, que no sabía nada de lo pasado, ni de lo presente, y fue lo mejor, pues se dice que en boca cerrada no entran moscas, y aunque el tipo tenía las características antes citadas, creyó que calladito, se miraba más bonito, incluso más, que el extinto René, y a darle que es mole de olla. Se concretó a dar las clases y se aplicó de modo tal, que no dio tregua a los estudiantes acostumbrados a flojear en una clase que hasta ese día, empezó a ser importante. 
     Una aparente calma reinó entonces, y empezaron a cabecear de aburrimiento los que se habían hecho adictos a los sobresaltos y los impactantes sucesos que envolvían aquella institución;  porque ya había pasado mucho tiempo, que se  leyó  la auditoría de la vibrante vida que llevara el occiso, sumando el total de las entradas y salidas bajo caución, por escandalizar y manejar ebrio. Se supieron los nombres de las estudiantes que parieron un hijo de él,  que sumaron siete, y se conoció la suma total de dividendos a favor, por una cooperativa escolar que había empezado a manejar, poco antes de su partida.
    Y tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe; que, se rompió el silencio y se develó el misterio, cuando se le quebró la paciencia a su mujer. Cuando todo arrojó que era la autora intelectual del asesinato, y se le detuvo por sospecha, no puso la mínima resistencia, y en el diario pudieron enterarse que esta mujer, fue ninguneada pública e impunemente por un narcisista perverso, que se ufanaba de sus fechorías y la golpeaba salvajemente cuando esta, exigía al menos una disculpa ante el descaro. Envió a sus hijos a la capital del estado, y ni así, pudo esconder la conducta reprochable del profesor, puesto que, se había convertido en un foco de atención para los ávidos periodistas. Ellos y él, se romancearon y le encontraron gusto al juego maquiavélico, sin pensar que dañaban sobremanera a gente inocente. Gorgojo, más chico que un piojo, así de chiquito produce enojo. Esta señora fue acumulando ira sobre ira, y reventó contra todos. Por eso figuró también en primeras planas, porque arremetió contra la prensa escrita, y por ello, fue exhibida ante la radio y la televisión. Y les gritó: Cuando fuiste martillo no tuviste clemencia, ahora que eres yunque ten paciencia. No rogaba piedad,  ni quiso conseguir abogado que la defendiera, puesto que asumió súbitamente que sí, ella lo había mandado matar. Decidió que el profesor no debía vivir más, porque era un ser pernicioso para su familia y para la sociedad. Los de la prensa escrita trataron de defenderse contestándole que entre bueyes no hay cornadas, entre marido y mujer nadie se debe meter. Y lo decían porque los exhibió como exhortadores a una conducta viciosa, porque al “profe” le resultaba exultante verse retratado en los periódicos como si se tratara de una celebridad.
      « Que hablen de mí, bien o mal, pero que hablen, que se sepa quién es Víctor René Martínez Guzmán, que no deja títere con cabeza» Dijo la auto viuda que solía decir su difunto marido, inflamado de vanidad. Y les aseveró entonces, que si querían seguir haciendo circo ante la fatalidad de otros, buscaran un nuevo protagonista, porque René estaba muerto y tieso dentro de su tumba. Se propuso mirar, con los ojos bien abiertos, cómo le caían paladas de tierra, y selló  el sepulcro con una loza de maldiciones y escupitajos para que no se le ocurriera regresar jamás. Ahí lo tenían, pútrido, inerte, frío… muerto el perro, se acabó la rabia. 
FIN.
   





















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