Ya no puedo iluminar más tu oscuridad, me da pena verte esclavizado en tus instintos... nuestras fotografías las veo degradadas, a blanco y negro, las injurias les han quitado el color. Me siento muy cansada ya, y es que el tiempo me ha aplastado. El material de la escalera de mi vida se ha averiado y me percaté de ello cuando ya es muy tarde para liberarme del madrazo. Te acepté como un reto y te cambié el modo de vivir; pero has malinterpretado mis intenciones. A estas alturas cerraste de golpe la puerta y me dejaste ciega para vislumbrar mi camino.
Ahora le pido a Dios que no le permita al sol que se oculte sobre mí; ojalá, aunque sea una parte de mi ser errabunde por ahí, que sea libre, en tanto convenzo a Dios que no le permita al sol ponerse sobre mí.
Pero si me voy, si el se pone sobre mí, me iré contenta porque ha dicho el Señor: Venid a mí todos los que estéis cansados y cargados, yo os haré descansar.
Descansaré por fin de todo lo enajenante de este mundo: la hipocresía, la maldad, la deslealtad, la indiferencia ante el dolor, al ambición, la avaricia, la lujuria y todos aquellos excesos que nos diferencia de los animales.
En corto tiempo tiempo he visto demasiado dolor en la gente y en lo complicado que es, incluso salir de aquí... ¡descansar! Después de todo: ¿quién no anhela volver a casa después de un largo viaje?, por placentero que haya sido dicho viaje, aun cuando te faltaron parajes por visitar, cuando el viaje termina lo que más se espera es volver a casa.
¡Volver a casa contigo Padre! Y no te pediría el bien para la humanidad, eso, sería desperdiciar la oportunidad de que me concedas un deseo, yo te pediría no retornar jamás al mundo que chapalea septiterno en la inquinidad.
LG.
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