*Se ha encontrado un mineral nuevo que tiene características impredecibles.
EL PRODIGIOSO
DESCUBRIMIENTO DE CELEDONIO
Creía que moriría tuberculoso
porque así habían muerto todos sus antecesores; todos quienes trabajaron en esa
mina murieron raquíticos tras una larga agonía de tos donde expulsaban flemas
oscuras: consecuencia de trabajar en la mina.
Celedonio se
sentía cansado, a nada de renunciar. No tenía caso, según él, afanarse tanto si
seguía siendo pobre y su fin sería idéntico a… «¡Ya qué!», pensó y arrojó pico y pala lejos.
Empujó el carrito con unas piedras que parecían huevos de codorniz, la puso en
una talega y se fue a su casa a descansar, dormir por muchas horas, como nunca
antes, desde que tenía memoria, había hecho. Ni el hambre lo harían levantarse
de su catre de madera y yute.
Se equivocó.
Sí se levantó
cuando el gruñir de sus tripas le exigieron alimento y una temblorina ansiosa
hizo presa de él. Encendió el carbón en el anafre y no quiso conformarse con
comer solo frijoles. Añadió huevos y asó unas pencas de nopal. Para que la
comilona estuviese completa se comió dos tunas.
El alimento le
proveyó de una energía nunca antes experimentada. No le importó la tierna
llovizna que hacía varios días caía intermitentemente y se puso a juntar hojas
de palma para restaurar el techo. Colocó unos adoquines en dentro de su choza,
hacía tiempo un hacendado que dejó la tierra se los regaló, pero Celedonio los
apiló en su patio.
Sus compañeros
de trabajo fueron a buscarlo para saber por qué tenía tantos días de no
presentarse al trabajo, y grande fue su sorpresa cuando la casa de Celedonio
lucía diferente. Ya no era un tiradero de trebejos inservibles el patio, todo
lo contrario, había un seto bien recortado y plantas de todo tipo que orlaban
un camino hacia la puerta de su choza, que si bien, seguía siendo de madera,
esta lucía las tablas pulidas. Entonces no había faltado porque estuviese
muriéndose, le dijeron sus compañeros, le cuestionaron por qué había dejado de
ir a la mina.
―Porque me
sentí harto.
Un ingeniero
reparó en la talega de piedras en forma de huevo y preguntó a Celedonio de
dónde había sacado eso a lo que el exminero le respondió que fue lo único que
encontró en la mina.
―Nunca había visto
algo semejante ―comentó el ingeniero―. Lo voy a mandar analizar.
El resultado
arrojó que se trataba de un mineral muy venenoso. Celedonio recibió la
sugerencia de deshacerse de él, pero Celedonio no accedió. Parecía que sí era
un mineral peligroso, porque el ingeniero murió de una hemorragia nasal por
haberse expuesto a las piedras. «Ese ingeniero ya estaba mal, porque si las
piedras fueran malas ya me hubieran dañado a mí», aseveró Celedonio.
En el
laboratorio donde se examinó el mineral de «los huevos» hubo diversas
reacciones: a los malhumorados los exterminaba de tácito. A los envidiosos les
hacía lo mismo que le pasó al ingeniero. A los cansados, si dormían, les hacía
el efecto que resultó con Celedonio. Una piedra de esas fue llevada en secreto
a la casa del dueño de la mina: el hombre perdió la razón, o nadie supo decir
que le sucedió, porque repartió toda su riqueza a sus trabajadores y cerró la
mina.
Celedonio
sintió miedo, mantuvo una de esas piedras en sus manos y el miedo se iba
acrecentando, la dejó. Se dio unos baños depurativos en el manantial del pueblo
y se sintió renovado. Y empezó la vendimia:
―¡Si quiere
deshacerse de su suegra «malgeniuda», de su marido colérico, de la gente «malvibrosa»
le rento una de estas piedras que contienen un mineral que acaba con ellos.
¡Llévelo! ¡Llévelo! ¡Lleve su huevito «Celedonium» mineral mágico que actúa
según su estado de ánimo!
FIN.
QUE PENA DA EL CASO DE LOS QUE PUSIERON: Se llama cervezatina, y sirve para seguir rumbeando el primero del año. ¡Sigan así, cuates! Yo no creo que haga todos los retos, al menos yo, mañana entro al set de nuevo.
SALUDOS Y FELICES LETRAS.
(Estoy leyendo el MURMULLO DE LAS ABEJAS. Qué bárbara la autora Sofía Villegas, leí HURACÁN y aún no lo digiero. Por eso estoy leyendo este otro, no me está encantando como el que leí primero, y no sé por qué dicen que el HURACÁN es el menos bueno de los tres buenísimos anteriores.
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