domingo, 1 de enero de 2023

RETO #1 2023

 *Se ha encontrado un mineral nuevo que tiene características impredecibles.

EL PRODIGIOSO DESCUBRIMIENTO DE CELEDONIO

Creía que moriría tuberculoso porque así habían muerto todos sus antecesores; todos quienes trabajaron en esa mina murieron raquíticos tras una larga agonía de tos donde expulsaban flemas oscuras: consecuencia de trabajar en la mina.

Celedonio se sentía cansado, a nada de renunciar. No tenía caso, según él, afanarse tanto si seguía siendo pobre y su fin sería idéntico a…  «¡Ya qué!», pensó y arrojó pico y pala lejos. Empujó el carrito con unas piedras que parecían huevos de codorniz, la puso en una talega y se fue a su casa a descansar, dormir por muchas horas, como nunca antes, desde que tenía memoria, había hecho. Ni el hambre lo harían levantarse de su catre de madera y yute.

Se equivocó.

Sí se levantó cuando el gruñir de sus tripas le exigieron alimento y una temblorina ansiosa hizo presa de él. Encendió el carbón en el anafre y no quiso conformarse con comer solo frijoles. Añadió huevos y asó unas pencas de nopal. Para que la comilona estuviese completa se comió dos tunas.

El alimento le proveyó de una energía nunca antes experimentada. No le importó la tierna llovizna que hacía varios días caía intermitentemente y se puso a juntar hojas de palma para restaurar el techo. Colocó unos adoquines en dentro de su choza, hacía tiempo un hacendado que dejó la tierra se los regaló, pero Celedonio los apiló en su patio.

Sus compañeros de trabajo fueron a buscarlo para saber por qué tenía tantos días de no presentarse al trabajo, y grande fue su sorpresa cuando la casa de Celedonio lucía diferente. Ya no era un tiradero de trebejos inservibles el patio, todo lo contrario, había un seto bien recortado y plantas de todo tipo que orlaban un camino hacia la puerta de su choza, que si bien, seguía siendo de madera, esta lucía las tablas pulidas. Entonces no había faltado porque estuviese muriéndose, le dijeron sus compañeros, le cuestionaron por qué había dejado de ir a la mina.

―Porque me sentí harto.

Un ingeniero reparó en la talega de piedras en forma de huevo y preguntó a Celedonio de dónde había sacado eso a lo que el exminero le respondió que fue lo único que encontró en la mina.

―Nunca había visto algo semejante ―comentó el ingeniero―. Lo voy a mandar analizar.

El resultado arrojó que se trataba de un mineral muy venenoso. Celedonio recibió la sugerencia de deshacerse de él, pero Celedonio no accedió. Parecía que sí era un mineral peligroso, porque el ingeniero murió de una hemorragia nasal por haberse expuesto a las piedras. «Ese ingeniero ya estaba mal, porque si las piedras fueran malas ya me hubieran dañado a mí», aseveró Celedonio.

En el laboratorio donde se examinó el mineral de «los huevos» hubo diversas reacciones: a los malhumorados los exterminaba de tácito. A los envidiosos les hacía lo mismo que le pasó al ingeniero. A los cansados, si dormían, les hacía el efecto que resultó con Celedonio. Una piedra de esas fue llevada en secreto a la casa del dueño de la mina: el hombre perdió la razón, o nadie supo decir que le sucedió, porque repartió toda su riqueza a sus trabajadores y cerró la mina.

Celedonio sintió miedo, mantuvo una de esas piedras en sus manos y el miedo se iba acrecentando, la dejó. Se dio unos baños depurativos en el manantial del pueblo y se sintió renovado. Y empezó la vendimia:

―¡Si quiere deshacerse de su suegra «malgeniuda», de su marido colérico, de la gente «malvibrosa» le rento una de estas piedras que contienen un mineral que acaba con ellos. ¡Llévelo! ¡Llévelo! ¡Lleve su huevito «Celedonium» mineral mágico que actúa según su estado de ánimo!

FIN.

QUE PENA DA EL CASO DE LOS QUE PUSIERON: Se llama cervezatina, y sirve para seguir rumbeando el primero del año. ¡Sigan así, cuates! Yo no creo que haga todos los retos, al menos yo, mañana entro al set de nuevo. 

SALUDOS Y FELICES LETRAS.

(Estoy leyendo el MURMULLO DE LAS ABEJAS. Qué bárbara la autora Sofía Villegas, leí HURACÁN y aún no lo digiero. Por eso estoy leyendo este otro, no me está encantando como el que leí primero, y no sé por qué dicen que el HURACÁN es el menos bueno de los tres buenísimos anteriores.


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