domingo, 28 de febrero de 2021

YO CONOCÍ EN PERSONA AL ASESINO

 

YO CONOCÍ EN PERSONA AL ASESINO

 


 

     ¿No sabes quién fue ese hombre? −Preguntó la mujer gorda, insidiosa, chismosa, revoltosa… en fin, esa mujer, que ha sido uno de los peores seres humanos que he conocido. Y en cuanto al hombre, no. No sabía de quién se trataba.
     Quizá fue esa, una noche común. Nada extraordinario. Al menos para mí: clientes interesados únicamente en el placer sexual y una tremenda borrachera. Otros, los menos, apantallados por el glamour del lugar, las mujeres, y dispuestos a admirar las tremendas producciones artísticas. Ha quedado para la historia, incluso en documentales, que aquellas producciones tenían parangón con los espectáculos que se presentaban en Las Vegas. Y bien, yo nunca he ido a Las Vegas, y no tengo interés en ir. Pero por supuesto que sí creo en eso de que, aquellos espectáculos de cabaret, eran equiparables a algún show de Las Vegas.
     Yo, nunca produje nada así, pero participé. Obviamente, cuando han hecho referencia a Las Vegas, se habrán referido exclusivamente a la producción y no a las artistas coristas. Ahí sí, participábamos de distintas clases: con algunos kilos de más y yo, con muchos kilos menos, y eran menos porque los cánones establecidos de los años 80’s, señalaban que, la escualidez no era considerada belleza, muy diferente a los tiempos de hoy. Pero ahí estábamos, con las espalderas, los tocados, las capas, y todo eso forrado con cristales cortados, adoquinado de plumas de avestruz, marabú, pavo real y gallo. La mayoría de las vedetes, iban a Las Vegas a comprar el vestuario, de segunda mano, de cualquier producción que finalizara su temporada en Las Vegas.
     Aquella mujer gorda de quien no guardo buenos recuerdos, tuvo un cuerpo impresionante, bello y escultural en su juventud, y en sus inicios, tuvo que ser corista y también usó esos atavíos de segunda mano de los shows concluídos de algún lugar de Las Vegas. Algo sucedió después, su cuerpo cambió y no le afectó en su trabajo. Dijeron, había construido un buen nombre artístico, era buena cantante, la mejor, sin duda. Se desempeñaba como maestra de ceremonias, era comediante, y ya dije, un ser bastante ruin y cruel. Era tal la inquina de algunos que, cuando querían ofender a alguien, solo tenían que decir
    ¡Zaida Castillón, eres una Zaida Castillón!
     Y eso, era suficiente para que la afrenta fuera grande. Quizá hoy, que ese personaje o persona, ya murió, habrá quién guarde silencio, o simplemente, sus contemporáneos ya no existan tampoco, o quién sabe qué. He visto el nombre de ésta persona en algunas telenovelas, la he visto en películas viejas, y hasta en programas de revista del pasado. Y bien, esa persona sabía mucho más que yo, porque insistía
     −¿Realmente no sabes quién fue ese señor?
     Y yo no sabía de quién se trataba, y ni de qué, y no entendía por qué Zaida estaba verde de rabia. Esa mujer siempre tenía hambre, y, yo también. La gran diferencia es que ella sí comía, comía todo el tiempo, y yo no. No me alcanzaba el dinero para eso. Fui tonta, pero siempre le di prioridad a mi carrera que, como estaba iniciando, le ponía toda mi atención, mi esfuerzo y dinero. La comida después, y eso, me tenía en un estado patético. Estaba famélica y por lo mismo, cuando un mesero puso su brazo para que yo enganchara el mío, me dejé llevar como un cordero al matadero.
     − A ver si no amaneces muerta, chaparrita, pero el señor Cárdenas me pidió que te llevara con él.
     Pensé que se trataba de un cliente muy exclusivo. El mesero mencionó su nombre y eso, no era la costumbre. Tampoco era mi costumbre ir a donde los clientes me llamaban. Tampoco diré que eso sucediera muy a menudo, que los clientes me llamaran, pero si sucedía, no iba. Nunca me gustó eso, y no por presumir de decente ni nada por el estilo, no me gustaba. Me aburría horrores responder las mismas preguntas, hacer una plática a gritos, porque, la música de la orquesta seguía sonando, las compañeras cantando, o bailando, y en aquella espesa nube de nicotina haciendo vida social, y yo, tan intolerante al alcohol, a los borrachos, a las putas… ¡Huy no!
     Pero aquella vez, no entiendo qué pasó. Ni siquiera llegamos hasta la mesa del cliente el mesero y yo. El señor Cárdenas esperó en un pasillo. Le pidió al mesero que esperara, para que, me acompañara de nuevo, de regreso del lugar donde me trajo.
     Tenía varios billetes en la mano, y los puso en la mía, y me cerro el puño.
     − Este lugar no la merece niña, prométame que buscará algo mejor.
     − ¡Claro! – Le respondí con celeridad. – Este no es mi ambiente, pero sí es mi carrera.
     El mesero dijo
     − Es de lo mejor que tenemos, no tiene idea de cuánto la queremos aquí ¿Verdad?
     Y todos estábamos de buenas esa noche, por lo que dijo ese mesero, y porque yo asentí a la estupidez que dijo y le sonreí, sin más. Era uno de los meseros más jóvenes del equipo, no era un tipo vulgar que me cayera demasiado mal. Era guapo, sí, pero no me interesaba, y él, era tan petulante como yo. Alguna vez me dijo que, a él no le interesaban las mujerzuelas que trabajaban de noche, que él tenía una novia, una señorita de su casa, hija de familia…
     − ¡Hija de la chingada! – Gritó una compañera ebria de ira por lo que escuchó. Yo, me desternillé de risa, y me desembaracé de aquel asunto. Es que, yo era muy presumida, a mí, tampoco me interesaban esos tipejos que, más que meseros, eran rateros que, a la mínima oportunidad, robaban a los clientes que ya intoxicados por tanto alcoholes, no sabían ni de sus vidas mismas.
     Y todo cuadró aquella noche de la presencia del señor Cárdenas, elegantemente vestido, perfumado, con sus lentes y un bigote muy bien aliñado. Era Zaida la que lo miraba con insistencia, y el señor, le brindó una inclinación de cabeza en señal de respeto, y ella le dijo
     − Cómo está usted, señor, don Goyo Cárdenas.
     El mesero entonces se puso como nervioso, del brazo me conducía a mi camerino y Zaida, atrás de mí.
     La inquietud de estas dos personas, era, la de saber cuánto dinero me había regalado el señor, y qué me había dicho. El mesero siguió lleno de esperanza porque el tal Goyo Cárdenas no se fue, siguió en el establecimiento, con un par de amigos quizá, pero hubo quien dijo que, probablemente eran gente de su equipo de seguridad. Tanto Zaida como el mesero, esperaron en vano, porque el señor, no repartió más dinero a nadie. Estuvo acaso media hora más, pagó su cuenta y se marchó con sus acompañantes.
     Zaida rio a carcajadas cuando le pregunté si se trataba de algún político, y como si hubiese sido un zarpazo, con sus garras, en un santiamén, me quitó el rollo de billetes que tenía yo en la mano. Los barajó y dijo:
     − ¿Qué cenamos? Yo voy a ordenar medio pollo a la parrilla ¿Y tú?
      Chillé y pataleé de rabia. Yo no tenía hambre. Hacía un rato me había comido unas empanadas de chicharrón, que sabrá el buen Dios quién me las invitó. No iba a quitarme lo mío de nuevo. Todo el tiempo, cuando alguien me invitaba cosas de comer, entraba Zaida y me quitaba el plato con comida. Esta vez yo no quería que me quitara el dinero, como solía quitarme muchas cosas, esta vez, no estaba dispuesta a permitírselo. Siempre le tuve tanto miedo, porque era mala, era una mujer muy mala… El gerente se percató de lo sucedido e intervino. Zaida me devolvió el dinero no sin antes lanzarme sus amenazas de siempre. Y quizá las cumplió, no me acuerdo, lo que sí me acuerdo, es que, finalmente supe de quién se trataba ese hombre que, ante el resto de la clientela, las artistas, y el personal, pasó desapercibido. Lo supe, dos o tres días después. Era domingo, y con el dinero que generosamente me dio ese señor, me compré un coctel de camarones y ordené un filete sol. (filete de pescado capeado con huevo). Y me enteré que, Gregorio Cárdenas, más conocido como Goyo Cárdenas o el estrangulador de Tacuba, asesinó a cuatro mujeres menores de edad, entre agosto y septiembre de 1942. Sus víctimas fueron, una compañera de la carrera de ciencias químicas y tres prostitutas. Las prostitutas, primero tuvo relaciones sexuales y después, las ahorcó y enterró en el jardín de su casa. La que fue su compañera de estudios, la señorita Graciela Arias, tras asesinarla, estuvo violando el cuerpo en repetidas ocasiones, para luego, enterrarla también. Por este acto, fue señalado como necrófilo.
     No obstante, su calidad de asesino serial, fue indultado por el presidente Luis Echeverría Álvarez en 1976, y esto se dio porque, aparte de haberle encontrado un coeficiente intelectual elevado, se dijo que, era él, un ejemplo vivo de la readaptación social, porque durante su estancia en prisión, se aprendió el código penal y fue defensor de otros reos, que, como él, estuvieron en el llamado Palacio Negro de Lecumberri. Este lugar, ya no opera como prisión, pero, hay muchas historias, negras, profundamente negras de ese lugar.
     A pesar de lo miedosa que soy, no sentí temor al recordar la voz suave de éste señor, que fuera ovacionado de pie en la Cámara de Diputados, a petición del presidente en turno, para la indignación de tantos, incluso para mí, si me hubiese enterado en el momento que sucedió, pero eso, había acontecido quizá cinco años atrás de cuando lo vi en persona, y ni siquiera sabía que se trataba de una especie de personalidad. Este señor, quiso hacerme un espléndido regalo porque dijo que le había encantado mi forma de cantar, y por ello dijo «Éste lugar no la merece». Y de eso no sé si tuvo razón, pero me dijo algunas otras cosas como, que debía cuidarme, debía cuidarme mucho… Y vaya que sí debí hacerlo. Pasaron algunos meses y fui ultrajada sexualmente por un mesero.
     Con el paso del tiempo, se van creando mitos y leyendas alrededor de personas como éste Goyo Cárdenas, pero fue un asesino confeso, con severos problemas psiquiátricos. Se ha dicho, que padeció una encefalitis aguda a una temprana edad, y como consecuencia, le quedó una enfermedad llamada enuresis, y que, es probable que, debido a la falta de control de sus esfínteres, alguna prostituta se burló de él, al defecar mientras tenía sexo con ella, lo que lo llevó a asesinarla. Pero, nada justifica a un homicida de este calibre.
Y cuando digo que no tuve miedo de saber de este personaje, es que no lo tuve, pero la que habría mostrado incontinencia urinaria por horror, habría sido yo, si lo hubiese visto de nuevo en el cabaret donde cantaba. Por fortuna, yo, no volví a verlo en persona jamás, y no lo veré, porque Gregorio Cárdenas, falleció en la ciudad de Los Ángeles el 2 de agosto de 1999.
 
 
 
 
 
 

lunes, 22 de febrero de 2021

SIN VOLUNTAD NI INSPIRACIÓN

 SIN VOLUNTAD NI INSPIRACIÓN

Encendió su cigarro un martes, y lo apagó de inmediato. Usaría esa mano para sostener la pluma en vez del pitillo... fumaría, sí, hasta que le abrazara ese duende que le inspirase un final contundente a su escrito... y así sucedieron muchas semanas llenas de "martes" que, sumaron meses y poco más de un par de años, y no encontró cómo rematar ese relato que tituló: "Cómo hice para dejar de fumar".

domingo, 21 de febrero de 2021

Y la fragancia de juventud

      A duraznos maduros, le hacía creer que olía la belleza de una mujer joven -decían que bella- y que se decidió ser puta, por puro rencor y en venganza contra su familia, aunque esa venganza, se reviró en su contra, y se le pudrieron el alma y el cuerpo... bueno, esa  es otra historia; me acordé tan solo por el aroma de duraznos maduros... ¡Flores frescas! Un aire con hálito cítrico, o no sé qué, siempre me gustaron los perfumes. No cualquiera, pero, definitivamente, sí, un accesorio más al atavío, como un par de zarcillos bonitos, un collar, una diadema ¡y el perfume!

     En mi adolescencia, me era imposible adquirir uno para mí, en exclusiva... Después, algunos años después, sí. Como si fuese una coleccionista... y más tarde, selectiva. Los más clásicos. Siempre florales y cítricos. Nunca dulces o cargados de especias. Para relajar, hasta una lavanda clásica, o naranjos en flor y jazmines... y el aroma de la juventud, aún que ésta se haya escabullido en el tic tac de un tiempo desapercibido, no valorado, y se fué. Se perdió por un babélico camino polvoriento, donde en alguna estación a manera de oasis, emergían olores de comida grasosa, de carne de reptil asada, y agua vieja que no disipaba la sed. Se fue perdiendo, como lo vívido de un color se va muriendo con la luz de sol, como, sin darse cuenta, se va extinguiendo la fuerza de la mirada, y la opacidad nos hace fruncir los ojos.

     Cuando los tiempos de los caminos áridos y polvosos, el aroma que desprendía era amor, lo creo total y absolutamente. Aunque lo llegué a combinar con algo que sonaba a jardines del Caribe, aunque -por estar atada al amor- no me hube ocupado de conocer el Caribe. Encontraba placentero el olor del sudor, combinado con la brisa de las palmeras doradas por el calor, ese calor que, no afectaba mi talante... era feliz.

     Y cuando el tiempo hizo exangüe la mirada, ya vivía yo en una pequeña cajita blanca. Yo la he visto blanca por dentro, por fuera, no sé de color es... pero dentro, está llena de cosas asfixiantes, por lo abigarrado de tantas de esas cosas ¡son hermosas! Pero son tantas... ¡Oh por Dios! ¡Son tan hermosas! ¿Ya había dicho que eran hermosas? ¡Lo son! Pero son muchas... Demasiadas, pero es que también ha sido el tiempo. Como la vida se trata de colección de instantes, la cajita, tiene una colección inmensa, pero, bueno, sí se puede respirar... hoy, que son los tiempos en que todos apreciamos mucho eso de respirar... respirar profundo... ¡respirar!

    Y al aspirar, qué mejor que nos agarre por la nariz algo que, nos haga viajar al paraíso de nuestros sueños, al pasado repleto de añoranzas... pero sin sufrir... 

     Es quizá un buqué de flores, un aire de primavera, o no se qué es, pero la fragancia que me era imposible adquirir para mí, en mi adolescencia, hoy, es una baratija para muchos... lo importante es que, ha sido posible tenerla porque aún existe, debiera ser un clásico... Por fortuna no lo es y por ello, el precio es bajo... Escuché decir: "cuando pasó frente a mí, he sentido un hálito primaveral, y hasta escuché el trino de unos pájaros silvestres". 

     Cosquillas en el corazón, caricias al alma, eso es lo hace sentir el perfume de mi juventud, la que se ha escabullido en el tic tac de un tiempo desapercibido, no valorado. Se fue... 

sábado, 30 de enero de 2021

Primera parte (BC)

 .. Y ENTONCES, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos

atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria. Desde aquellos días arden y se

consumen con el leño en la hoguera. Sube el humo en el viento y se deshace. Queda

la ceniza sin rostro. Para que puedas venir tú y el que es menor que tú y les baste un

soplo, solamente un soplo...

—No me cuentes ese cuento, nana.

—¿Acaso hablaba contigo? ¿Acaso se habla con los granos de anís?

No soy un grano de anís. Soy una niña y tengo sie te años. Los cinco dedos de la

mano derecha y dos de la izquierda. Y cuando me yergo puedo mirar de frente las

rodillas de mi padre. Más arriba no. Me imagino que sigue creciendo como un gran

árbol y que en su rama más alta está agazapado un tigre di minuto. Mi madre es

diferente. Sobre su pelo —tan negro, tan espeso, tan crespo— pasan los pájaros y les

gusta y se quedan. Me lo imagino nada más. Nun ca lo he visto. Miro lo que está a mi

nivel. Ciertos arbustos con las hojas carcomidas por los insectos; los pupitres

manchados de tinta; mi hermano. Y a mi hermano lo miro de arriba abajo. Porque

nació des pués de mí y, cuando nació, yo ya sabía muchas cosas que ahora le explico

minuciosamente. Por ejemplo ésta:

Colón descubrió la América.

Mario se queda viéndome como s¡ el mérito no me correspondiera y alza los

hombros con gesto de indi ferencia. La rabia me sofoca. Una vez más cae sobre mí

todo el peso de la injusticia.

—No te muevas tanto, niña. No puedo terminar de peinarte.

¿Sabe mi nana que la odio cuando me peina? No lo sabe. No sabe nada. Es india,

está descalza y no usa ninguna ropa debajo de la tela azul del tzec. No le da

vergüenza. Dice que la tierra no tiene ojos.

—Ya estás lista. Ahora el desayuno.

Pero si comer es horrible. Ante mí el plato mirán dome fijamente sin parpadear.

Luego la gran exten sión de la mesa. Y después... no sé. Me da miedo que del otro lado

haya un espejo.

—Acaba de beber la leche.

Todas las tardes, a las cinco, pasa haciendo sonar su esquila de estaño una vaca

suiza. (Le he explicado a Mario que suiza quiere decir gorda.) El dueño la lleva atada a

un cordelito, y en las esquinas se detie ne y la ordeña. Las criadas salen de las casas y

compran un vaso. Y los niños malcriados, como yo, ha cemos muecas y la tiramos

sobre el mantel.

—Te va a castigar Dios por el desperdicio —afir ma la nana.

—Quiero tomar café. Como tú. Como todos.

—Te vas a volver india.

Su amenaza me sobrecoge. Desde mañana la leche no se derramará

viernes, 8 de enero de 2021

INFIDENCIA ASESINA 1

 Tu traición, yo la llevo aquí en mi pecho, la llevo dentro de mi alma, dentro de mi corazón. Yo no sé, como pude resignarme, como pude yo aguantarme, lo que tú me hiciste a mí... Cornelio Reina. 

... Y ahora me dan risa aquellas que, se desgarran las vestiduras, cuando su pareja sentimental se echó "una canita al aire". Y ya quieren todo el show del abogado y el juicio y toda esa parafernalia, nada más porque han visto que eso, lo hacen los famosos. 

     Pero de no ser así entre famosos, lo clásico, lo ordinario, lo común pues, es que el uno hable del otro y se magnifiquen los defectos -que quizá en la reverberación de la borrachera amorosa- eran virtudes. Y me siguen dando risa, que con dos o tres gritos, la generación cristal, brinca, grita, aulla, pelea y rompe las promesas... Qué decir votos, ya casi nadie hace esos votos... Y es que, nadie dijo que el matrimonio era fácil.

    Hay que ceder en mucho, uno, viviendo solo, tiene sus costumbres, sus manías y, por amor (o soledad) aparentemente estás dispuesto a romper los antiguos hábitos.

     Una infidelidad, obvio, si es de parte del varón hacia una mujer, lo común, lo ordinario, es que se pasa por alto, y que "caquitas" aquellas que, simplemente no. Y no creo que sea amor propio ni nada de eso, ya dije, que son los tiempos de generación cristal, donde los amigos ya son "les amigues" por aquello de la inclusión y el exceso de tolerancia... Tolerancia ? No. Si hubiese tolerancia, no querrán pasar por alto la "canita al aire"

jueves, 7 de enero de 2021

Que quién soy ?

 ... Qué quién soy ? No lo sé... Lo que sí sé, es que fui la hija de la reina de los mares. Escúchame Rosario, hoy homogenizada con lo inmortal e inconcebible Universo, hoy, hecha toda energía y flotando en el mundillo de las letras y la cultura. Quizá no te conozcan las féminas feministas, estúpidas, ignorantes y violentas que, destruyen muchas cosas valiosas de nuestro país, pero si supieran de tí, serías el estandarte de éstas, e igual harían destrozos hasta sus propias entrañas.

    Rosario, y tu nombre irónico, porque habrás construido tu credo particular... Quizá lo hiciste, porque ser religiosa, va contra la equidad de género, pero de algún modo te debías llamar... 

    El eterno femenino, reconociendo la no funcional vida en pareja... Que la equidad no existe, es contranatura. 

    Yo, la hija de la reina de los mares, te quisiera erosionar el polvo de tu epidermis, para ver si me contagio de tu inteligencia.

    Gracias Rosario, que tu vida infantil me desgajó un caudal de lágrimas cuando me metí en la piel de tu puta madre... Quizá tú nunca lo pensaste así... Pero yo sí... Ay Rosario... La que ha podido hablar sin tapujos del riesgo mes a mes, de preñarte y quedar prisionera de por vida... 

    Querida Rosario... Que la tuberculosis te empujó a documentarte... Y crecer en tu sabiduría... 

    Rosario, que, te has ido por un choque de luz, y es que, hubo un choque de estrellas... Fue un accidente de la ciudad real.


 Así me lo dijo mi madre... La reina de los mares. 

domingo, 3 de enero de 2021

Si tú supieras



 ... Estoy aquí, hecha un ovillo detrás del cuarto de herramientas. Casi nadie viene por acá... Es preciso que llore sin que nadie me vea. 

     Me he aburrido horrores en la tienda, no entiendo... De qué sirve o para qué, el hecho de estar todo el tiempo aquí, ganando dinero, mucho dinero. Entonces ¿es pues la vida sólo ganar dinero ? 

     Mi abuela le pidió a mi padre que me dejara pasar unos días en la ciudad, esa ciudad con mar... Y no me dieron a elegir. Me quedé con el tío Paulo. Mis primas son adorables, todas... No entiendo por qué el tío Paulo me ha dicho que no hable con el resto de mis primas, las que viven en la casa contigua, la casa grande, de donde se escucha música. Todas allá cantan; en la casa del tío Paulo no. Y bien, al menos me quedé en la casa de mi tío el santurrón, y no en la casa de mi tía Lucha. Ella sólo tiene hijos varones y muy agresivos. Luis, mi primo, me ha dado semejante golpe en la cabeza con una piedra, así nada más... Me acuerdo cómo chorreaba sangre de mi descalabrada, pero no derramé una sola lágrima... Nadie, nunca, quiero que me vea llorar.

    Pasaron algunos años, y mi prima, la trastornada ya no está. Hay quien dice que se escapó para volverse puta, y mi tía, claro, la ha defendido diciendo que se fue para convertirse en artista. Yo creo que se fue porque está rematadamente loca. Y se volvió bruja. Yo la vi, una tarde que el tío Paulo se descuidó: fui a esa casa grande. Mi tía me sonrió, pero no me hizo "fiestas". Yo, me introduje hasta la sala, mi tío veía televisión y no me trató ni bien ni mal. Ante su indiferencia me moví por  toda la casa. Estaba desordenada. Busqué en las recámaras y ahí vi a mi prima la loca. Decía mi tío Paulo

     -No hables con tus otras primas. Y esa, la loca ¡es la peor! Ella -aseguraba mi tío- va a ser una puta.

Creo que mi tío Paulo tenía razón. Entré a un cuarto que tenía un ventanal geande por donde se divisaba el mar. Y ahí estaba mi prima la loca. Tenía los ojos rojos, echaba líquido verde por la boca y hablaba un lenguaje extraño... Es un demonio.

     Pasaron dos años y volví a estar de visita en la ciudad. Ojalá siempre me hubieran dejado estar ahí, donde todas las primas cantan... Hasta la loca, pero por fortuna ya no estaba... Mi tía prepara todo lo que a mí me gusta, hasta hizo un cazón a la vizcaína... No como mi tía la esposa de mi tío Paulo... Siempre racionando los alimentos, cuando en el rancho he vivido con tanta holgura.

     Fui feliz, porque era niña. Yo no entendía por qué las primas de la ciudad nos decían, "las primas rancheras". Me sonaba peyorativo. Y fue mi papá quien dijo que,  sí éramos las rancheras, por vivir en el rancho ganadero y de agricultura. No era ninguna ofensa.  Éramos los dueños de la tienda, y el rancho. Me dijo además que, debía perdonar a mi primo Luis. ¡No! ¡Eso no! 

     - Ojos de gargajo. -Me dijo. -Y arremetió contra mi cabeza con una roca.

    La noche que fui feliz, fue en la casa de mi tío Chepo. Nos dormimos hasta muy tarde, con la luz apagada, mi primo Irineo no paraba de hacer los mejores chistes, y mis primas morían de risa, y yo también. 

     Dormí con mi prima Nancy... Se me figuró que sentía mordiscos suaves en mi cuello, y fui más feliz cuando esa sensación la sentí en la nuca. Creí que tenía magia, e imaginé que Nancy también la había sentido. Cuando le pregunté, me dijo que no. Entonces, quise irme de ahí y no volver jamás.

     Y pasé media vida encerrada en el rancho ganadero de mi papá. Finjo que estoy carcajeándome, cuando lo que deseo es llorar amargamente. Sobre todo cuando voy al río. Me acuerdo que nos visitaron las primas, todas, las hijas de mi tío Paulo, las de mi tío Chepo, y todos los otros primos (menos la loca, porque ya había escapado). El rancho estaba de fiesta con pura familia... Y Nancy era tan alegre, como las otras primas que, en la ciudad son tan severas y timoratas porque el tío Paulo es muy severo con ellas. Nancy no es así. Ella, es auténtica siempre. No sé por qué no me entiende... La miro fijamente y sólo me elogia el color de mis ojos... Sólo hubiera querido que mirara un poco más... 

     Me casé con un hombre que, era "tan bueno como el pan". Y yo, me voy a ir al infierno por infidente. He dicho que me golpea, y no es verdad. Y es que, no encontré el modo para que se alejara de mí... Creí que su madre, mi suegra, me llevaría a vivir con ella, y me pondría a dormir con la hermana de mi marido. Si yo hubiese dormido para siempre con la hermana de mi marido, entonces yo, habría sido feliz por siempre... Pero la felicidad no se hizo para mí.

     Estoy aquí, hecha un ovillo, ahora en mi cama inmensa, sideral, en donde tanta soledad es inconcebible. Me digo a veces: "Liliana, no sé si te des cuenta que la vida se escurre entre los dedos, que se va irremediablemente, y tú, no pareces estar viviendo en plenitud"

    Ojalá tuviera el valor de irme hasta Canadá. No sé qué hago aquí, en este país inmenso al que no pertenezco... Dejé mi pueblo, el rancho de mi padre, y me la vivo horneando pan. Suspirando por alguien que no conozco, pero anhelo que me abrazará y me condenará a vivir cruzando su respiración con la mía, noche a noche, cobijada en su pecho, arropada en su brazos, acariciándonos mutuamente el cabello, besando sus labios como botón de rosa, como los labios de Nancy, mi prima ..

 Qué boca tan bien dibujada, carnosa y bella es la boca de Nancy.

     Pero he de seguir aquí, mordiéndome  de deseos desgarrados porque he de cumplir con la norma de ser una madre excepcional... Y mi hija, la que entró a este país como una reina, a horcajadas en el lomo de un maldito hombre, me pregunta qué haré de mi vida, que está siempre rodeada de soledad y nada le digo, tan sólo pienso... "Hija mía, si tu supieras"

     Y es que, me han condenado las dos hijas mías, la que dejé allá, la que me traje acá... Alguna vez, cada una a su vez, me han dicho que no soportan a las viejas invertidas... Así que, no me queda más que atragantarme mis hervores de depravada, y esperaré a que Dios, o el diablo me lleven de aquí.

LG

Invierno 2021.