YO CONOCÍ EN PERSONA AL ASESINO
YO CONOCÍ EN PERSONA AL ASESINO
SIN VOLUNTAD NI INSPIRACIÓN
Encendió su cigarro un martes, y lo apagó de inmediato. Usaría esa mano para sostener la pluma en vez del pitillo... fumaría, sí, hasta que le abrazara ese duende que le inspirase un final contundente a su escrito... y así sucedieron muchas semanas llenas de "martes" que, sumaron meses y poco más de un par de años, y no encontró cómo rematar ese relato que tituló: "Cómo hice para dejar de fumar".
A duraznos maduros, le hacía creer que olía la belleza de una mujer joven -decían que bella- y que se decidió ser puta, por puro rencor y en venganza contra su familia, aunque esa venganza, se reviró en su contra, y se le pudrieron el alma y el cuerpo... bueno, esa es otra historia; me acordé tan solo por el aroma de duraznos maduros... ¡Flores frescas! Un aire con hálito cítrico, o no sé qué, siempre me gustaron los perfumes. No cualquiera, pero, definitivamente, sí, un accesorio más al atavío, como un par de zarcillos bonitos, un collar, una diadema ¡y el perfume!
En mi adolescencia, me era imposible adquirir uno para mí, en exclusiva... Después, algunos años después, sí. Como si fuese una coleccionista... y más tarde, selectiva. Los más clásicos. Siempre florales y cítricos. Nunca dulces o cargados de especias. Para relajar, hasta una lavanda clásica, o naranjos en flor y jazmines... y el aroma de la juventud, aún que ésta se haya escabullido en el tic tac de un tiempo desapercibido, no valorado, y se fué. Se perdió por un babélico camino polvoriento, donde en alguna estación a manera de oasis, emergían olores de comida grasosa, de carne de reptil asada, y agua vieja que no disipaba la sed. Se fue perdiendo, como lo vívido de un color se va muriendo con la luz de sol, como, sin darse cuenta, se va extinguiendo la fuerza de la mirada, y la opacidad nos hace fruncir los ojos.
Cuando los tiempos de los caminos áridos y polvosos, el aroma que desprendía era amor, lo creo total y absolutamente. Aunque lo llegué a combinar con algo que sonaba a jardines del Caribe, aunque -por estar atada al amor- no me hube ocupado de conocer el Caribe. Encontraba placentero el olor del sudor, combinado con la brisa de las palmeras doradas por el calor, ese calor que, no afectaba mi talante... era feliz.
Y cuando el tiempo hizo exangüe la mirada, ya vivía yo en una pequeña cajita blanca. Yo la he visto blanca por dentro, por fuera, no sé de color es... pero dentro, está llena de cosas asfixiantes, por lo abigarrado de tantas de esas cosas ¡son hermosas! Pero son tantas... ¡Oh por Dios! ¡Son tan hermosas! ¿Ya había dicho que eran hermosas? ¡Lo son! Pero son muchas... Demasiadas, pero es que también ha sido el tiempo. Como la vida se trata de colección de instantes, la cajita, tiene una colección inmensa, pero, bueno, sí se puede respirar... hoy, que son los tiempos en que todos apreciamos mucho eso de respirar... respirar profundo... ¡respirar!
Y al aspirar, qué mejor que nos agarre por la nariz algo que, nos haga viajar al paraíso de nuestros sueños, al pasado repleto de añoranzas... pero sin sufrir...
Es quizá un buqué de flores, un aire de primavera, o no se qué es, pero la fragancia que me era imposible adquirir para mí, en mi adolescencia, hoy, es una baratija para muchos... lo importante es que, ha sido posible tenerla porque aún existe, debiera ser un clásico... Por fortuna no lo es y por ello, el precio es bajo... Escuché decir: "cuando pasó frente a mí, he sentido un hálito primaveral, y hasta escuché el trino de unos pájaros silvestres".
Cosquillas en el corazón, caricias al alma, eso es lo hace sentir el perfume de mi juventud, la que se ha escabullido en el tic tac de un tiempo desapercibido, no valorado. Se fue...
.. Y ENTONCES, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos
atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria. Desde aquellos días arden y se
consumen con el leño en la hoguera. Sube el humo en el viento y se deshace. Queda
la ceniza sin rostro. Para que puedas venir tú y el que es menor que tú y les baste un
soplo, solamente un soplo...
—No me cuentes ese cuento, nana.
—¿Acaso hablaba contigo? ¿Acaso se habla con los granos de anís?
No soy un grano de anís. Soy una niña y tengo sie te años. Los cinco dedos de la
mano derecha y dos de la izquierda. Y cuando me yergo puedo mirar de frente las
rodillas de mi padre. Más arriba no. Me imagino que sigue creciendo como un gran
árbol y que en su rama más alta está agazapado un tigre di minuto. Mi madre es
diferente. Sobre su pelo —tan negro, tan espeso, tan crespo— pasan los pájaros y les
gusta y se quedan. Me lo imagino nada más. Nun ca lo he visto. Miro lo que está a mi
nivel. Ciertos arbustos con las hojas carcomidas por los insectos; los pupitres
manchados de tinta; mi hermano. Y a mi hermano lo miro de arriba abajo. Porque
nació des pués de mí y, cuando nació, yo ya sabía muchas cosas que ahora le explico
minuciosamente. Por ejemplo ésta:
Colón descubrió la América.
Mario se queda viéndome como s¡ el mérito no me correspondiera y alza los
hombros con gesto de indi ferencia. La rabia me sofoca. Una vez más cae sobre mí
todo el peso de la injusticia.
—No te muevas tanto, niña. No puedo terminar de peinarte.
¿Sabe mi nana que la odio cuando me peina? No lo sabe. No sabe nada. Es india,
está descalza y no usa ninguna ropa debajo de la tela azul del tzec. No le da
vergüenza. Dice que la tierra no tiene ojos.
—Ya estás lista. Ahora el desayuno.
Pero si comer es horrible. Ante mí el plato mirán dome fijamente sin parpadear.
Luego la gran exten sión de la mesa. Y después... no sé. Me da miedo que del otro lado
haya un espejo.
—Acaba de beber la leche.
Todas las tardes, a las cinco, pasa haciendo sonar su esquila de estaño una vaca
suiza. (Le he explicado a Mario que suiza quiere decir gorda.) El dueño la lleva atada a
un cordelito, y en las esquinas se detie ne y la ordeña. Las criadas salen de las casas y
compran un vaso. Y los niños malcriados, como yo, ha cemos muecas y la tiramos
sobre el mantel.
—Te va a castigar Dios por el desperdicio —afir ma la nana.
—Quiero tomar café. Como tú. Como todos.
—Te vas a volver india.
Su amenaza me sobrecoge. Desde mañana la leche no se derramará
Tu traición, yo la llevo aquí en mi pecho, la llevo dentro de mi alma, dentro de mi corazón. Yo no sé, como pude resignarme, como pude yo aguantarme, lo que tú me hiciste a mí... Cornelio Reina.
... Y ahora me dan risa aquellas que, se desgarran las vestiduras, cuando su pareja sentimental se echó "una canita al aire". Y ya quieren todo el show del abogado y el juicio y toda esa parafernalia, nada más porque han visto que eso, lo hacen los famosos.
Pero de no ser así entre famosos, lo clásico, lo ordinario, lo común pues, es que el uno hable del otro y se magnifiquen los defectos -que quizá en la reverberación de la borrachera amorosa- eran virtudes. Y me siguen dando risa, que con dos o tres gritos, la generación cristal, brinca, grita, aulla, pelea y rompe las promesas... Qué decir votos, ya casi nadie hace esos votos... Y es que, nadie dijo que el matrimonio era fácil.
Hay que ceder en mucho, uno, viviendo solo, tiene sus costumbres, sus manías y, por amor (o soledad) aparentemente estás dispuesto a romper los antiguos hábitos.
Una infidelidad, obvio, si es de parte del varón hacia una mujer, lo común, lo ordinario, es que se pasa por alto, y que "caquitas" aquellas que, simplemente no. Y no creo que sea amor propio ni nada de eso, ya dije, que son los tiempos de generación cristal, donde los amigos ya son "les amigues" por aquello de la inclusión y el exceso de tolerancia... Tolerancia ? No. Si hubiese tolerancia, no querrán pasar por alto la "canita al aire"
... Qué quién soy ? No lo sé... Lo que sí sé, es que fui la hija de la reina de los mares. Escúchame Rosario, hoy homogenizada con lo inmortal e inconcebible Universo, hoy, hecha toda energía y flotando en el mundillo de las letras y la cultura. Quizá no te conozcan las féminas feministas, estúpidas, ignorantes y violentas que, destruyen muchas cosas valiosas de nuestro país, pero si supieran de tí, serías el estandarte de éstas, e igual harían destrozos hasta sus propias entrañas.
Rosario, y tu nombre irónico, porque habrás construido tu credo particular... Quizá lo hiciste, porque ser religiosa, va contra la equidad de género, pero de algún modo te debías llamar...
El eterno femenino, reconociendo la no funcional vida en pareja... Que la equidad no existe, es contranatura.
Yo, la hija de la reina de los mares, te quisiera erosionar el polvo de tu epidermis, para ver si me contagio de tu inteligencia.
Gracias Rosario, que tu vida infantil me desgajó un caudal de lágrimas cuando me metí en la piel de tu puta madre... Quizá tú nunca lo pensaste así... Pero yo sí... Ay Rosario... La que ha podido hablar sin tapujos del riesgo mes a mes, de preñarte y quedar prisionera de por vida...
Querida Rosario... Que la tuberculosis te empujó a documentarte... Y crecer en tu sabiduría...
Rosario, que, te has ido por un choque de luz, y es que, hubo un choque de estrellas... Fue un accidente de la ciudad real.
Así me lo dijo mi madre... La reina de los mares.
... Estoy aquí, hecha un ovillo detrás del cuarto de herramientas. Casi nadie viene por acá... Es preciso que llore sin que nadie me vea.
Me he aburrido horrores en la tienda, no entiendo... De qué sirve o para qué, el hecho de estar todo el tiempo aquí, ganando dinero, mucho dinero. Entonces ¿es pues la vida sólo ganar dinero ?
Mi abuela le pidió a mi padre que me dejara pasar unos días en la ciudad, esa ciudad con mar... Y no me dieron a elegir. Me quedé con el tío Paulo. Mis primas son adorables, todas... No entiendo por qué el tío Paulo me ha dicho que no hable con el resto de mis primas, las que viven en la casa contigua, la casa grande, de donde se escucha música. Todas allá cantan; en la casa del tío Paulo no. Y bien, al menos me quedé en la casa de mi tío el santurrón, y no en la casa de mi tía Lucha. Ella sólo tiene hijos varones y muy agresivos. Luis, mi primo, me ha dado semejante golpe en la cabeza con una piedra, así nada más... Me acuerdo cómo chorreaba sangre de mi descalabrada, pero no derramé una sola lágrima... Nadie, nunca, quiero que me vea llorar.
Pasaron algunos años, y mi prima, la trastornada ya no está. Hay quien dice que se escapó para volverse puta, y mi tía, claro, la ha defendido diciendo que se fue para convertirse en artista. Yo creo que se fue porque está rematadamente loca. Y se volvió bruja. Yo la vi, una tarde que el tío Paulo se descuidó: fui a esa casa grande. Mi tía me sonrió, pero no me hizo "fiestas". Yo, me introduje hasta la sala, mi tío veía televisión y no me trató ni bien ni mal. Ante su indiferencia me moví por toda la casa. Estaba desordenada. Busqué en las recámaras y ahí vi a mi prima la loca. Decía mi tío Paulo
-No hables con tus otras primas. Y esa, la loca ¡es la peor! Ella -aseguraba mi tío- va a ser una puta.
Creo que mi tío Paulo tenía razón. Entré a un cuarto que tenía un ventanal geande por donde se divisaba el mar. Y ahí estaba mi prima la loca. Tenía los ojos rojos, echaba líquido verde por la boca y hablaba un lenguaje extraño... Es un demonio.
Pasaron dos años y volví a estar de visita en la ciudad. Ojalá siempre me hubieran dejado estar ahí, donde todas las primas cantan... Hasta la loca, pero por fortuna ya no estaba... Mi tía prepara todo lo que a mí me gusta, hasta hizo un cazón a la vizcaína... No como mi tía la esposa de mi tío Paulo... Siempre racionando los alimentos, cuando en el rancho he vivido con tanta holgura.
Fui feliz, porque era niña. Yo no entendía por qué las primas de la ciudad nos decían, "las primas rancheras". Me sonaba peyorativo. Y fue mi papá quien dijo que, sí éramos las rancheras, por vivir en el rancho ganadero y de agricultura. No era ninguna ofensa. Éramos los dueños de la tienda, y el rancho. Me dijo además que, debía perdonar a mi primo Luis. ¡No! ¡Eso no!
- Ojos de gargajo. -Me dijo. -Y arremetió contra mi cabeza con una roca.
La noche que fui feliz, fue en la casa de mi tío Chepo. Nos dormimos hasta muy tarde, con la luz apagada, mi primo Irineo no paraba de hacer los mejores chistes, y mis primas morían de risa, y yo también.
Dormí con mi prima Nancy... Se me figuró que sentía mordiscos suaves en mi cuello, y fui más feliz cuando esa sensación la sentí en la nuca. Creí que tenía magia, e imaginé que Nancy también la había sentido. Cuando le pregunté, me dijo que no. Entonces, quise irme de ahí y no volver jamás.
Y pasé media vida encerrada en el rancho ganadero de mi papá. Finjo que estoy carcajeándome, cuando lo que deseo es llorar amargamente. Sobre todo cuando voy al río. Me acuerdo que nos visitaron las primas, todas, las hijas de mi tío Paulo, las de mi tío Chepo, y todos los otros primos (menos la loca, porque ya había escapado). El rancho estaba de fiesta con pura familia... Y Nancy era tan alegre, como las otras primas que, en la ciudad son tan severas y timoratas porque el tío Paulo es muy severo con ellas. Nancy no es así. Ella, es auténtica siempre. No sé por qué no me entiende... La miro fijamente y sólo me elogia el color de mis ojos... Sólo hubiera querido que mirara un poco más...
Me casé con un hombre que, era "tan bueno como el pan". Y yo, me voy a ir al infierno por infidente. He dicho que me golpea, y no es verdad. Y es que, no encontré el modo para que se alejara de mí... Creí que su madre, mi suegra, me llevaría a vivir con ella, y me pondría a dormir con la hermana de mi marido. Si yo hubiese dormido para siempre con la hermana de mi marido, entonces yo, habría sido feliz por siempre... Pero la felicidad no se hizo para mí.
Estoy aquí, hecha un ovillo, ahora en mi cama inmensa, sideral, en donde tanta soledad es inconcebible. Me digo a veces: "Liliana, no sé si te des cuenta que la vida se escurre entre los dedos, que se va irremediablemente, y tú, no pareces estar viviendo en plenitud"
Ojalá tuviera el valor de irme hasta Canadá. No sé qué hago aquí, en este país inmenso al que no pertenezco... Dejé mi pueblo, el rancho de mi padre, y me la vivo horneando pan. Suspirando por alguien que no conozco, pero anhelo que me abrazará y me condenará a vivir cruzando su respiración con la mía, noche a noche, cobijada en su pecho, arropada en su brazos, acariciándonos mutuamente el cabello, besando sus labios como botón de rosa, como los labios de Nancy, mi prima ..
Qué boca tan bien dibujada, carnosa y bella es la boca de Nancy.
Pero he de seguir aquí, mordiéndome de deseos desgarrados porque he de cumplir con la norma de ser una madre excepcional... Y mi hija, la que entró a este país como una reina, a horcajadas en el lomo de un maldito hombre, me pregunta qué haré de mi vida, que está siempre rodeada de soledad y nada le digo, tan sólo pienso... "Hija mía, si tu supieras"
Y es que, me han condenado las dos hijas mías, la que dejé allá, la que me traje acá... Alguna vez, cada una a su vez, me han dicho que no soportan a las viejas invertidas... Así que, no me queda más que atragantarme mis hervores de depravada, y esperaré a que Dios, o el diablo me lleven de aquí.
LG
Invierno 2021.